Emigración reglada

Publicado: 5 mayo, 2015 en Emigración
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Fuente: El Postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlveda

Emigración reglada7

La sombra penosa de los años cuarenta sobre la isla, en contraste con los diversos factores que hacen atractiva la emigración, potencian este fenómeno. Los países americanos necesitan mano de obra, existen unas buenas relaciones diplomáticas con Venezuela, Argentina, Santo Domingo, Brasil… y el transporte marítimo mejora bastante. Amplían su servicio líneas marítimas italianas, inglesas y españolas con viejos barcos adaptados para el transporte de carga y pasajeros, que además incluyen a Canarias en sus rutas. Hacen escalas en Las Palmas y en Santa Cruz de Tenerife, con lo que muchos vecinos de Lanzarote y de Tías inician el sueño americano, al igual que lo habían realizado sus antepasados probando suerte en Cuba.

No era fácil conseguir un billete de pasaje, entre 6.000 y 8.000 pesetas era el coste para ir a Venezuela, destino más solicitado. Entre los años 1945-1959 se produce la mayor oleada de
emigrantes canarios a este país.

Muchos serán los que tomen la decisión de emigrar. En casi todas las familias del pueblo hay al menos un pariente cercano que prepara la maleta. Primero arreglan todos los papeles necesarios para emigrar. A continuación buscan el dinero para el pasaje, para llevar unos dólares de fianza y, finalmente, esperan la fecha de la partida entre la ilusión por la aventura y la nostalgia por lo que se deja atrás.

Entre otros, vamos a citar a una media centena de muchachos procedentes de este municipio que un día prepararon sus maletas, pidiendo de antemano disculpas a aquellos que involuntariamente se omita en esta relación.

-Tías: Carlos Hernández Marrero, Luis Hernández Marrero, Augusto Cabrera Hernández, Claudio Cabrera Cabrera, Domingo Curbelo, Bernardo Reyes Fontes, Juan Fajardo Ferrer, María Luisa Fajardo Ferrer y Domingo Moreno Luján, los hermanos Alonso y María Nieves Moreno Ferrer, María Angeles Luis, Ramón Aparicio Mesa, Francisco Álvarez Batista.
-Mácher: Antonio Urbín Lemes, los hermanos Manuel y Francisco Viña Cabrera, Zacarías Robayna, Victoriano Robayna, Dámaso Díaz Mesa, Manuel Curbelo Batista, Rafael 9García Viña, Juan García García, Juan Parrilla (natural de San Bartolomé) y su esposa Benedicta Umpiérrez, Utimio, Laureano y Delia Mesa Cabrera, Enrique y Rafael Cabrera Camejo
-Barranco del Quíquere: Domingo Curbelo, Rafael Curbelo.
-Conil: Marcelo y Félix Cabrera Machín, Pedro Aparicio Sepúlveda, Tomás Hernández Gopar y Petra Rodríguez Cruz.
-La Tiñosa: Antonio Coronas, Juan Curbelo, Juan Francés, Ruperto Arrocha.
-La Cancela: Juan Bermúdez, Manuel Curbelo Lemes, Manuel Viña Lemes, Pedro Padrón Viña.
-El Cercado: Maximino Umpiérrez.
-La Asomada: Alfonso González González, Beni- to Rodríguez Cedrés (casado en La Asomada), Alfonso González, sus hermanos Soledad, Juan, Emilio, Dolores, Augusto, Josefa y Nicolás González Hernández, Ramón Reyes Viña, Macario González, Manuel González Hernández, Carlos Hernández Viera, Lucía Hernández González.

Es fácil a la llegada conseguir trabajo. Aunque las ciudades también ofertan muchas oportunidades, hay predilección por los trabajos en la agricultura o todo lo relacionado con el sector. Muchos llegaron y pudieron explotar grandes extensiones de terrenos, montar fábricas y hoy son grandes potentados con haciendas en América y en Canarias. Casi todos consiguieron mandar “plata”, otros pudieron mejorar sus economías, y otros pocos corrieron con peor suerte.

Carmelo Cedrés es uno de los tantos que partió animado por las buenas noticias que llegaban desde América y siguió el “sueño americano”. En su caso, la necesidad de emigrar no era perentoria, ya que su familia tenía recursos de subsistencia, pero él intuía las infinitas posibilidades que tenía Venezuela y, con apenas 25 años, después de gozar de las fiestas de San Antonio, embarca en Las Palmas un 29 de junio en un barco italiano procedente de Sudáfrica rumbo al puerto de La Guaira en Venezuela. Son ocho días de navegación. A bordo viajan otros muchachos conocidos de Lanzarote, del pueblo de Tinajo y de San Bartolomé, compartiendo camarote en el trayecto. El barco no es de mucho lujo, pero no está mal para la época. La comida es buena, 10para las duchas hay que hacer cola, y se entretienen jugando a las cartas, participando en tertulias y en alguna parranda. En el barco viaja un contingente grande en la tercera clase de subsaharianos con destino a las islas de Martinica y Barbados. En la segunda clase viajan el fuerte de pasajeros canarios, familias reclamadas desde otros lugares, mujeres casadas por poder que van al encuentro de su marido, etc. Viajan pasajeros de toda clase y condición.

Al fin, el Scania, nombre del barco, se acerca a La Guaira. Comentan que varios polizones han saltado al agua. El barco toca puerto y la mayoría saluda a los conocidos que tenían esperando en el muelle. Este es el caso de Carmelo, al que le esperaban un par de paisanos, Claudio Cabrera, Domingo Curbelo y otros, los mismos que le facilitan el alojamiento y el primer trabajo. La solidaridad entre el paisanaje era fundamental en estos casos.

El primer trabajo que consigue Carmelo es en el bar de una estación de servicios, y, luego, sus buenos conocimientos en mecánica, le llevan a trabajar en un taller. En uno de ellos tenía un “patrón” italiano. Se trabajaba al 50% de lo facturado. La cercanía a un mercado donde llegaban y salían camiones que efectuaban grandes recorridos facilitaba el negocio de la reparación de los camiones. Se trabajaba día y noche para dar un mejor servicio y se ganaban muchos bolívares. Toda la limpieza de piezas se efectuaba con gasolina. En ese momento en aquel país era más barata que el agua, pero la alergia diagnosticada a Carmelo al combustible le hace cambiar de actividad y se convierte en mayorista de reparto de frutas y hortalizas al mayor, montando un almacén para recepción y distribución de frutas hasta el año 1971. En ese año regresa a Tías y se vincula profesionalmente al sector del transporte de agua en camiones cuba.

En casi todas las familias del pueblo hay al menos un pariente cercano que prepara la maleta.

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