La molina de Ferrer

Publicado: 7 mayo, 2015 en Molinas

Fuente: El Postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlveda

La molina de Ferrermolina Ferrer

La molina de Ferrer en Mácher fue una de las más destacadas del municipio. Las tardes de Mácher tenían un olor muy característico, proveniente de los aromas de la molina de gofio de Ferrer, un olor acompañado del ruido acompasado de un motor diesel de un pistón, que soltaba entrecortadas bocanadas de humo que se perdían entre las aspas de la vieja molina de viento.
Don Rafael Ferrer Montero compró al borde de los años cuarenta a don Manuel Coll, padre de don Federico Coll Díaz, un cortijo en Mácher con una molina de gofio en pleno funcionamiento. Eran años difíciles, donde las cosechas estaban supeditadas a las escasas lluvias, por lo que esta industria de alimentación era de vital importancia, don Félix Fránquiz ejercía de molinero, actividad que ya desarrollaba con el anterior propietario. Conocía todos los secretos para elaborar un buen gofio y su prolongada vida habla por sí solo de las cualidades del gofio que consumió durante toda su vida. Falleció a la edad de 106 años.etiqueta-1

Para garantizar la actividad de la industria en los días en que no soplaba el viento, don Manuel Coll le instaló un motor de carbón primero y luego un motor diesel de un volante. Para arrancarlo había que realizar todo un proceso de calentamiento a mano. Luego, la familia Ferrer, en 1955, montó un moderno motor inglés diesel, de la marca Blackstone, de 26 CV, de un pistón, y con dos pesados volantes, que hacían girar las poleas de cuero y transmitir la energía a las piedras. El siguiente molinero, don Manuel Camacho, procedía de Uga. Existe una inscripción grabada en el cemento de uno de los muros de los amarraderos que hace referencia a otro molinero que pasó por estas instalaciones: “Entré a trabajar con Ferrer en 1955. GSU”.

restosHay un periodo breve en el que la familia Ferrer vende el negocio a don Matías García Fránquiz, quien incorpora una tostadora alemana que funcionaba a leña. El modelo era el mismo que por entonces se empleaba en los tostaderos de café. Recuperada por Ferrer, nuevamente, a finales de los cincuenta, la molina deja de tener un sistema mixto de funcionamiento. La molina de viento se amarra y sólo se emplea esporádicamente. Es a partir de entonces cuando todos los procesos de elaboración del gofio se hacen mecanizados.

Don León Pérez, natural de San Bartolomé, don Agapito Ramos y don Miguel Bonilla fueron los últimos molineros. Miguel Bonilla perma- neció en ese puesto el periodo más largo, en el cual la molina alcan- zó las cotas más altas de producción. El sueldo de molinero ascendía a 10 duros en 1961.

Aparte de Bonilla, la molina contaba con dos operarios más: Pedro, y Juan el de Frasca. La molina también fabricaba harina para pan. Este proceso era demandado mayormente duetiquetas-2rante las fiestas de San Pedro, para que los vecinos pudieran efectuar los amasijos de pan. El proceso de elaboración de la harina era más delicado, ya que la piedra se calentaba y ralentizaba el proceso.

Aparte del gofio para el consumo doméstico, se fabricaba gofio de arvejas para la alimentación de los cochinos. Era muy frecuente ir a la molina para llevarse el costal del gofio doméstico y otro de afrechos para los animales.

Todo el vecindario de la zona sur eran clientes de la molina de Ferrer. Desde los puntos más lejanos, Maciot, Las Breñas o Las Casitas, acudían con sus camellos y burros a temprana hora con los granos, fundamentalmente millo y trigo. A los animales se les ataba en unos amarraderos a lo largo del muro de la molina y, luego, una vez que el gofio estaba preparado en los costales blancos aún calentitos, se emprendía el viaje de retorno. La actividad, a veces, era frenética porque se trataba de un producto que no podía faltar en las casas.

De la molina de Mácher, en los años sesenta, salían grandes contingentes de gofio a granel con destino a toda la red de tienditas del sur y a los principales comercios de ultramarinos de Arrecife, según se constata en el libro de clientes de la molina: Vicente Guerra, Guadalupe, los Pérez, Alejandro Díaz, Esteban Viñas, Marcial González, etc. También abastecía a pesqueros y mayoristas con gofio desti- nado a la exportación, fundamentalmente a Cabo Blanco. El coste de la molienda en 1967 era de 0,4 pesetas por kilo, y el tueste ascendía a 0,5 pesetas. El rendimiento del proceso de transformar el millo en gofio estaba estipulado en un 86%. En 1968 la industria se moderniza y comienza a comercializar el gofio en bolsitas de plástico, a un precio de 10 pesetas el kilogramo. El precio del gofio cuarenta años después es aproximadamente 18 veces más caro.

Con la retirada del último molinero, la fuerte competencia de otros productos y el cambio de cultura alimentaria, determinan que el gofio, pese a todos sus valores dietéticos, pierda fuerza en el mercado. Por ello, la molina concluye su actividad, aunque sus elementos mecánicos se conserven en perfecto estado, e incluso sus propietarios mantengan dada de alta la actividad aunque no se ejerza. La molina, aparte del valor industrial y artesanal recuperable, juega en estos momentos un necesario referente etnográfico y paisajístico muy entrañable- mente ligado al pueblo de Mácher.

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