Barberos y barberías del pueblo

Publicado: 8 mayo, 2015 en Profesiones

Fuente: El Postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlveda

Barberos y barberías del pueblo
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El municipio de Tías ha sido poco prolífico en la elección de la profesión de barbero, si lo comparamos con el vecino municipio de San Bartolomé, en el que han abundado estos profesionales en distintas generaciones y con apellidos ilustres como los Corujo, los García y otros, que han abierto establecimientos dedicados a estos menesteres en toda la geografía insular, la capital y hasta en Las Américas.

En Tías la presencia de barberos y barberías no ha sido muy abundante y ha resultado de escasa tradición. Antiguamente, en las familias, solía haber un miembro más “amañado” que se dedicaba a arreglar “los cuellos” y el manejo de alguna navaja barbera en los fines de semana, cuando las labores del campo así lo permitían. En algunos casos, se trabajaba para la calle en cualquier cuarto de la casa, usando un cajón de coñac o caja de tomates como sillón. Para la chiquillada, la operación de pelada no era un proceso agradable por los tirones de pelo de la maquinilla, que te hacían levantar del asiento. Luego te compensaban cargando de polvos talcos el cuello, mientras un ligero chorro de agua fría procedente de la brocha te recorría la media luna del pabellón de la oreja, mientras sentías el recorte de la navaja barbera en el entorno y patillas.

En el Lugar de Arriba, se cita al barbero José Mesa, cantinero, coplista, agricultor y pastor, que ejerció el oficio en la propia cantina, hoy casa de Benigno Díaz. Alternaba sus cuentas con sus apuntes de coplas. Abajo en la carretera, destacó la barbería de Manolo Sánchez, aunque su verdadero nombre era Manuel Pérez. Se dedicaron a este oficio tanto el padre como el hijo, este último fallecido en el año 1962. La barbería estaba ubicada en su propia casa, junto a la cantina de su mismo nombre, en la Carretera General, casi frente a la antigua Casa Consistorial de Tías. La barbería tenía sillón de pisa reclinable y giratorio, espejo biselado, pequeño estante para los utensilios y contaba con productos de vanguardia en brillantina, fijador y algo de Floid. Estbarbero-1a barbería fue sin duda la hegemónica del pueblo y del municipio por su situación estratégica y por el carácter y la sapiencia de su dueño, más que por el mero servicio de un corte de pelo o de una afeitada.

En realidad esta barbería era el punto de encuentro, “el cabildo”, por allí pasaban a diario numerosos vecinos a visitar a Sánchez, o bien a la cantina o a la barbería, o simplemente a echar la tertulia y tomarle el pulso a la actualidad de un pueblo eminentemente agrícola. La cercanía a la Casa Consistorial hacía que por allí pasara todo su cuadro administrativo, desde el alguacil al secretario. El alcalde y los concejales lo hacen solo los sábados, que era el día destinado a estos menesteres. La celebración de plenos, comisiones y otros acuerdos se tomaban en sábados y, luego, algunas decisiones se remataban en la cantina de Sánchez.

El cura también era cliente. Cuenta el cura don Olegario que, “cuando llegó al pueblo en el 1953, entabló amistad con Sánchez e incluso le compró una bicicleta para atender a sus feligreses, y a diario pasaba por la barbería, en la que Sánchez le enseñó los primeros acordes para tocar el timple”. El hombre repetía la acción hasta que su padre un día le llamó la atención, ya que unas viejecitas le habían increpado un día a la salida de misa de doce, un domingo, arriba en La Candelaria, que el cura se pasaba todo el día metido en la cantina de Sánchez, tocando el timple. A partir de allí atenuó las visitas para dar cumplimiento al mandato de sus feligresas.

Sánchez, además de atender la cantina y la barbería, y de prestar alto servicio social, fue ampliando su espíritu de servicio. Él solía acompañar al practicante en las escasas visitas que efectuaba al pueblo. Con el tiempo pasó de ser acompañante a prestar el servicio de poner inyecciones, tarea habitual de amañados en aquellos tiempos. Para ello se hizo con un juego de jeringas y agujas y su correspondiente cajita donde hervir las herramientas.

Otra iniciativa profesional de Sánchez surgió ante el hecho de que los camiones de transporte mixto de carga y de pasajeros, efectuaban las correspondientes paradas obligatorias, para enfriar motores y refrescar a los viajeros en ruta al sur, frente a su establecimien- to. A veces la parada se alargaba y daba tiempo de echar un envite. Sánchez puso un sistema de venta por encargo de pescado fresco procedente de Playa Blanca, que le aprovisionaba Cristóbal Valiente, un vecino de Tías que fijó su residencia en el pueblo costero. Cristóbal tenía la ruta de larga distancia de Arrecife a Playa Blanca con carga y pasajeros, al igual que también hacían Rafael Cedrés y Nemesio Rodríguez, como se ha expresado anteriormente.

Su espíritu emprendedor y habilidad para los negocios de la época le llevó a comprar un Ford Ocho, de guardabarros negros, de cuatro puertas, para ampliar la red de sus servicios, teniendo como parada habitual la puerta de la barbería y empleando de chófer a su hermano Bernardo, puesto que también ocuparía Marcial Torres, vecino de Mácher. Por aquellos años, finales de losbarbero cincuenta, sus principales clientes eran vecinos que se tenían que trasladar por alguna gestión administrativa, notificaciones, etc. Marcial era un taxista muy peculiar. Si el cliente no le gustaba, ni que se lo rogara lo llevaba, dándole igual si el servicio era de noche o al muelle de Arrecife.

Además de Sánchez, otros vecinos de Tías abrieron al público este tipo de establecimientos, desarrollando un oficio que aprendieron en el cuartel o en la práctica con la familia. En El Pavón ejerció de barbero Lorenzo Delgado, en La Tiñosa Perico el Cojo, Ramón Sepúlveda en Conil, Bartolomé Díaz en La Asomada, y Marcial Aparicio en Mácher.

Pero la barbería de Manolo Sánchez, como templo del encuentro del intercambio y del saber, fue testigo de cientos de con- versaciones y de anécdotas. Una que contaba Rafael El Guardia, que compartió muchas vela- das en aquella casa en “acto de servicio”, dice que: “cierto día se encontraba un cliente en el sillón principal, en estado de reposo y tendido hacia atrás, con toda la cara enjabonada rigurosamente y orientado hacia la Carretera. Parece ser que Sánchez le dio un pequeño tirón con la navaja, lo que le produjo un corte. Momentos más tarde, la operación se repitió en la otra mejilla. Una vez finalizado el trabajo, el cliente le pidió un vaso de agua, se echó un buche y lo contuvo en la boca. Tras esto exclamó: te pago porque veo que no se me sale…”. Desaparecido Sánchez, se hizo cargo del negocio su cuñado Ramón Aparicio, durante un periodo corto de tiempo antes de emprender su viaje a América.

A finales de los sesenta comienza a ejercer de barbero itinerante el vecino de Uga Eleuterio Camacho. Terio se desplazaba a los pueblos del municipio de Tías en bicicleta primero y, más tarde, en su moto Gimson, llevando una textomaleta con todas las herramientas necesarias para ejercer de fígaro en los diferentes pueblos de Tías. Eleuterio fue fidelizando su clientela, ganando clientes que dejaron de despla- zarse a las barberías del Puerto de Arrecife. Estableció en cada pueblo un lugar donde, de forma rotatoria, les iba atendiendo. Luego procedió a realizar los servicios de peluquería a domicilio.

La atención en las casas, sobre todo con personas mayores y de mediana edad, resultó todo un éxito y, así, casi mensualmente, Eleuterio, sin necesidad de apuntarlo, valiéndose de su prodigiosa memoria, aparecía por los domicilios recordando que tocaba pelada o arreglo del pelo, como él cariñosamente les decía a sus clientes. La presencia de la moto en las inmediaciones de una casa era la señal de que Eleuterio estaba pelando.

Eleuterio ya se consolida como el barbero de todos los pagos del municipio, y durante una larga temporada también ejerce en los locales de la barbería de Sánchez, además de en toda la red de lugares habituales del municipio e incluso Uga, su pueblo natal, donde tenía su día reservado. Precisamente, fue en un acto de servicio, cuando iba a atender un cliente, en un desgraciado accidente encontró la muerte en el camino de Los Olivos. El Ayuntamiento de Tías tomó un acuerdo plenario el 19 de enero de 1999, otorgándole el nombre de una calle en el pueblo de Tías en reconocimiento a su labor, pasando la antigua calle Quinzuelas a denominarse Eleuterio Camacho Tavío.

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