Los primeros promotores turísticos

Publicado: 8 mayo, 2015 en Inmobiliaria

Fuente: El Postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlveda

 Los primeros promotores turísticosCarolina

La llegada también de los primeros promotores turísticos hace que todo el mercado del suelo próximo al litoral comience a comportarse como un valor en alza desde entonces, y se comienza a utilizar un nuevo vocabulario: plan general, calificación, polígono, parcela, urbanización, plan parcial, retranqueos, bungalow, apartamento, centro comercial.
Tal es el cambio en el uso del léxico que hasta La Tiñosa cambia su nombre por el de Puerto del Carmen en 1962. Años más tarde, con la puesta en funcionamiento del hotel Los Fariones, también se conoce a la zona con el nombre del hotel pionero.

Por esas fechas llega a la isla doña Carolina Wrait, conocida como La Americana. Procedía de Estados Unidos, del estado de Míchigan. Su padre era empleado de General Motor. Ella había estudiado Filosofía y Letras y estaba casada con John, un diplomático americano destinado en Alemania entre los años 1953-1961. En ese periodo aprovecharon para viajar por España, especialmente por Madrid, Mallorca, Tenerife y Lanzarote. Habían leído mucho sobre Canarias y su relación con las islas creció cuando a su marido lo nombraron Cónsul de América en las Islas Canarias, con sede en Gran Canaria, donde la NASA tenía unas dependencias.Crispin

Realizan frecuentes visitas a Lanzarote, la isla les seduce y acaban fijando su residencia en ella, teniendo que viajar todas las semanas a Gran Canaria, donde John ejerce como diplomático del gobierno americano. Doña Carolina se convierte en facilitadora de suelo y de viviendas por encargo de alemanes y americanos fundamentalmente. El Parador Nacional de Turismo de Lanzarote sería la primera residencia que tendría en la isla y aquí es donde comenzaría su actividad inmobiliaria. Cierto día de 1963, al despertarse, el recepcionista le comunicó que, desde primera hora, había una cola de señores con sombrero que venían a poner a su disposición sus terrenos, para quienes la palabra y el apretón de manos era más que señal de validez de la operación de compraventa.

En ese mismo año, Lacarretera Americana abrió su primera oficina frente al Club Náutico, al lado de la Delegación del Gobierno, con el nombre de “Navarro & Wrait, agentes de la propiedad inmobiliaria”. Allí trabajaba con su secretaria, utilizaba siempre el mismo taxi, el de Crispín Hernández Corujo, para moverse y hacer sus transacciones por la isla, incluso después de comprarse su emblemático Renault Caravelle celeste descapotable, reconocido en toda la isla, más que nada por el reducido parque móvil existente.

De todas las acciones realizadas por doña Carolina da buena cuenta Crispín, taxista de Arrecife, buen conocedor del pueblo de Tías y de toda la isla. Crispín trabajó en principio de chófer del camión de Pepe Aparicio en Mácher. Luego se fue a trabajar de taxista a Arrecife, y tuvo la suerte de pasear por la isla a los primeros turistas que se dieron cita, doña Carolina le requirió sus primeros servicios para desplazarse al aeropuerto y en sus visitas a vecinos del municipio de Tías interesados en vender algún terreno o acompañar a otros ciudadanos extranjeros recomendados por los Wrait. Crispín comenta la profesionalidad de esta primera agente de la propie- dad, seriedad, honestidad y, sobre todo, una gran formación humanística, de gran clase y elegancia, que sabía conectar con sus vecinos.

La figura de La Americana, con su pañuelo en el pelo en el descapotable, quedó asociada a las acciones inmobiliarias del momento. Su campo de trabajo era toda la isla, pero sería el municipio de Tías donde alcanza su mayor despliegue. De hecho, en el propio hotel Los Fariones llegó a tener un punto de venta de su negocio. Adquirió uno de los primeros bungalow junto al hotel Los Fariones, al tiempo que compró una casa antigua en el pueblo de Tías, la casa de los Majoreros, situada junto a la actual rotonda de Los Topes, cerca de la casa del Nobel Saramago. Allí se realizó una laboriosa obra de restauración llevada a cabo por el contratista Manolo Bravo, dando empleo a varios albañiles y peones del pueblo durante varios años. La vivienda se estrenó a finales de los sesenta.

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