Otras tienditas y cantinas del pueblo

Publicado: 8 mayo, 2015 en Tiendas

Fuente: El Postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlveda

Otras tienditas y cantinas del puebloPelao

En el municipio funcionó una extensa red de tienditas de aceite y vinagre, algunas de ellas constituidas por apenas un cuartito, con un pequeño mostrador, y dotadas de rudimentarias pesas. A finales de los cincuenta va mejorando su infraestructura, con balanza Dina, báscula y hasta la chapa publicitaria de algún refresco en su puerta. Todas llevan el nombre de su propietario. En muchas existía el despacho obligado de algún vino, y todas servían como el punto de encuentro social de la época.

En Tías, además de las mencionadas de Domingo Ferrer, donde se localizaba también la cartería y el primer teléfono público, así como la de Perico Valiente, que anteriormente fue la tienda de Damiana, se citan los siguientes establecimientos: Pablo Barreto en el Barranco de Las Truchas; Zoila; María la de Baltasar en el Lugar de Abajo; La Cantina del Morro, que tuvo varios encargados en su historia (Alberto Mesa, Santiago Calero, Gabriel Díaz); Manuel Cabrera, (Manuel el Cojo); Domingo Suárez en el Hoyo del Agua; don Ignacio; Joaquín Cabrera, la cual sufrió un incendio; Amelia Álvarez; Lila García, que continuó la labor iniciada por su madre; Paquita Cabrera; Domingo Batista; Mercedes Marrero-Guillermina; Antonio Díaz; Francisco Cruz; Antonio Valiente; Manuel Pérez; Nieves Sicilia; la cantina de Prudencio; Ramón Díaz; Pepe Roque; y otros en la Carretera General.

En 1965, junto a la Sociedad, abrió sus puertas el bar Tres Cepas, más conocido por Bar el Pelao. Fue fundado por Pepe Pérez y ha venido funcionando ininterrumpidamente durante los últimos cincuenta años. Abierto desde las primeras horas de la madrugada, se ha convertido en un lugar obligado de encuentro para el primer café del día. Actualmente lo regenta su hijo Juan Manuel.

En Mácher, la tienda de Juan Rodríguez era una tienda que abastecía a muchas tienditas del pueblo. Este comerciante traía su mercancía de Las Palmas en los barcos playeros, que descargaban por El Fondeadero. La carga la depositaba en un almacén que poseía en el lugar y, luego, en camellos, la distribuía. Este comercio funcionó hasta finales de los cincuenta. En El Volcán estaba también la tienda de Pepe Aparicio y la de Paco Cruz. Walterio Elías, por su parte, disponía de una pequeña tienda-ferretería. En Mácher Abajo tenía una tiendita Pepe Hernández, mientras que en el Barranco del Quíquere Felipe Hernández administraba la suya. En El Mesón, Dolores Ramos y Juan Parrilla tenían otros establecimientos de este tipo, mientras que junto a la cJuanaarretera, por el centro del pueblo, fueron conocidos los comercios de Enriqueta Viñas -desde finales del siglo XIX-; la de Juana la de Ferrer; la de Santiago Tejera; y la de Antonio Cedrés, donde se localizó el primer teléfono público del pueblo. Atendida por su esposa, Aramita, fue la última tiendita en cerrar. Por lo que respecta a las cantinas, destacaron las de Severino en El Mesón; la de La Punta, junto a la vieja iglesia de San Pedro, regentada por Pepe Cruz, Paco Lemes y la de Antonio Hernández en El Volcán.

En La Tiñosa van proliferando estas tienditas de aceite y vinagre y cantinas. En la Casa Roja se presupone que estuvo una de las tiendas más antiguas del lugar. Luciana la madre de Rafael Cabrera tenía su venta, que más tarde pasa a ser regentada primero por Tomás el Canario, y luego por Aquilino López. De las más antiguas se citan la de Pepe Pérez, Benito Ruiz (Paula), María del Pino, Evaristo Ferrer, Mercedes Hernández, que fue donde se instaló el primer teléfono público del pueblo. En las cercanías está la tienda de Adela Rodríguez. En la casa de Félix Cabrera hubo una pequeña venta. José Aparicio pone otra venta cerca de la de María. Amelia Batista tuvo una tienda frente a la iglesia. En Los Afrechos funciona la venta de Teresa Hernández. Rafael Elvira montó una en la esquina de la calle Bajamar y luego la vendió a Felipe Hernández, haciéndose conocido el establecimiento como tienda de Eufrasia. Posteriormente Marcelo Cabrera montó otra tienda.

Muy populares también fueron las cantinas de esta zona porteña. En el Varadero destacaron la de Manuel Viñas, primero en el almacén de Juan Rodríguez y luego en el local conocido como EL Ancla; la de Luis el Canillas; y la de Pedro Fajardo, en la calle Bajamar, entre otras. Por último, citar el Merendero de Juan Viera, en las cercanías de la playa de La Pila de la Barrilla en los años sesenta, y el Bar las Tres copas, junto a la tienda de Eufrasia. En 1982, en el local de Francisco Rodríguez Bermúdez (Paquito el Canario), comenzó a funcionar El Sardinero.

En Conil se localizan varias tienditas y cantinas, pertenecientes a Guillermo Cabrera, Salomé y Emilia Sepúlveda, y la tienda-cantina de Paco Rodríguez. En Masdache, la tienda de Ramón Mosegue y la cantina de Los Perdidos.

En La Asomada se encontraban las tiendas de Bartolomé Díaz, Vicente Martín, la cantina de Segundo Bonilla y, más tarde, la tienda de Mario Hernández.

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