La Sociedad en los años cincuenta

Publicado: 10 mayo, 2015 en Sociedad

Fuente: El Postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlvedapresidente

Años cincuenta

La Sociedad ya está instalada en unos locales de Rafael Cedrés Aparicio (Sociedad Vieja). Se paga un alquiler de 125 pesetas por mes, pagaderas al final de cada semestre, por un importe cada uno de 750 pesetas. El gasto del “Petromax” se paga aparte, unas 20 pesetas el mes con baile. El comerciante del pueblo Domingo Ferrer Mesa es su presidente por una larga temporada en este decenio. Para ser socio había que dar una entrada de veinte pesetas y pagar una cuota de 4 pesetas al mes. La cantina estaba arrendada sobre las 200 pesetas al mes.

La Sociedad de Recreo y Cultura de Tías, nominada así por el Gobierno Civil, en estos años invierte 867,5 pesetas en un telón y se gasta 625 pesetas en 12 bancos de 2 metros de largo. El movimiento de dinero proporcionado por la cantina rondaba las 7.675 pesetas al año. Antonio Barreto, y más tarde José Sicilia, cobraban por atender la puerta en cada noche de baile unas 25 pesetas.

Según un acta de enero de 1954, la directiva de aquel año queda compuesta por los siguientes señores:
Presidente: Domingo Ferrer Mesa, comerciante.
Vicepresidente: Félix Montelongo Díaz, zapatero.
Secretario: Manuel Cabrera Rodríguez, labrador.
Vicesecretario: Santiago Ericmias Pérez, empleado.
Tesorero: Antonio Rodríguez Martel, industrial.
Contador: Antonio Poch Galcerán, maestro nacional.
Vocales primero: Carlos Hernández Marrero, labrador.
Vocal segundo: Luis Hernández Marrero, labrador.
Vocal tercero: Bernabé Borges Calero, labrador
Vocal cuarto: José Gopar Duarte, albañil.
Vocal quinto: Manuel Pérez Barreto, barbero.
Vocal sexto: Antonio Cruz Bermúdez, carpintero.

Tres anécdotas resaltan de este periodo de los años cincuenta leyendo sus libros de actas. Una, el acuerdo para suscribirse al periódico La Falange. Dos, expulsar temporalmente a un socio por soltar un pájaro una noche de baile en la sociedad. La tercera anécdota hace referencia a cuando le adjudican la cantina a Pepe Hernández Aparicio en 1958 por 150 pesetas. El contrato lleva aparejadas las siguientes cláusulas: dar un baile como mínimo al mes con música de aire; pagar el gas, los programas y permisos, y limpiar la sociedad.

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