Ulpiano Rodríguez Pérez

Publicado: 23 mayo, 2015 en Lucha Canaria

Fuente: La lucha canaria “Lo Nuestro”
Por Bernardo Bravo Marín

Ulpiano RodríguezBenigno Rodriguez

José Benigno Rodríguez Pérez, más conocido por Ulpiano el de Tías, hijo del famoso luchador Santiago Rodríguez Borges (El Majorero) y de doña Dolores Pérez Betancort, hermana de Mamerto Pérez el de Los Valles, nació en Tías el tres de abril de 1897. Al venir al mundo en una familia de luchadores, empezó desde muy joven a practicar este deporte. No había lugar donde no quedara “pegado” con sus hermanos Mamerto y Nemesio, siempre bajo la supervisión de sus padres, encargados de corregirles cualquier error cometido en las mañas de la lucha.

Desde el primer momento destaca junto a otros valores de la zona como Bernardo Pérez, Valentín, Manuel Aparicio, etc. Si en un principio su lucha predilecta fue “la cogida de muslo”, luego adquirió gran agilidad en la “levantada entre piernas”, con la que en décimas de segundo tenía a su contrario sobre el hombro. Parte de estas enseñanzas se las debe a Miguel Cabrera Castillo (Mandarria) al que aún siendo él muy joven, su padre trae desde Gran Canaria para enseñar a luchar a los muchachos del pueblo y, en especial, a sus propios hijos.

Sus grandes triunfos los consiguió, este insigne luchador, con el equipo del norte frente a hombres de la talla de los Barreto, José María Feo, etc., muchos de ellos de mayor peso pero a los que logró vencer gracias a su agilidad y conocimientos de lucha. También tuvo como contrincante al equipo de Uga, capitaneado entonces por Joaquín Rodríguez, al que en sus comienzos logró tirar; sin embargo desde que Joaquín Rodríguez (Pollo de Uga), adquirió un poco de confianza ya no le pudo hacer frente. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que, en poco tiempo, el’ ‘Pollo de Uga” adquirió una gran fortaleza, convirtiéndose en una máquina de hacer lucha.

Todavía se recuerdan las grandes luchadas del mozo de Tías en la desaparecida Recova de Arrecife, frente a los combinados majoreros que nos visitaban y entre los que figuraban los siguientes luchadores: Simeón Morales (El Artista) que era del Cotillo, Luciano Savedra (Piel Roja) y Pancho Brito, ambos de La Oliva, y los de Tuineje Domingo Vera y Félix López, a los que hay que añadir otros de igual habilidad. De todas estas luchadas hay que destacar aquella en la que, luchando contra los majoreros, se quedó solo en el terrero frente a la plana mayor de la isla vecina. En ese momento don Rafael Méndez (de La Oliva) que venía de mandador, al ver la debacle de sus paisanos, retó a Ulpiano y éste se lo aceptó. Méndez, que debido a su gran cartel no estaba previsto que participara, cae bajo nuestro luchador.

En su primer enfrentamiento en Gran Canaria con Monzón (Patamocha), un buen mozo de la época, las cosas no le fueron nada bien y, a partir de ese momento, se negó a volver a luchar fuera de su isla.

Una de sus mayores proezas tuvo lugar en Arrecife, donde tuvo como oponente al célebre Ángel Álvarez, “Angelito” o “El Niño de Cera”, de La Laguna. Cuando se encontraban ambos contrincantes en el terrero, nuestro luchador, ágil como un felino, le fue de “entre piernas y levantada” y asombrando a los espectadores, que no esperaban tal hazaña ante el cartel que traía el contrario, dio con el luchador lagunero en la arena. El lagunero no conforme con el resultado, retó a nuestro paisano a un desafío, El entusiasmo entre los asistentes fue manifiesto. Algunos espectadores opinaron que Ulpiano no lo debía aceptar pero la mayoría, entre los que se encontraban algunos viejos luchadores, lo animaron a lo contrario. Ulpiano ante una gran expectación acepto el reto. Al volver los luchadores a la arena, Ulpiano con la rapidez que le caracterizaba y por la misma lucha, dio otra vez con el tinerfeño en el suelo. La alegría entre los asistentes fue mayúscula, muchos no se creían lo que estaban viendo. Pero aquí no acabó la cosa, “pegan” de nuevo y sucede lo mismo y en la tercera también. Ulpiano es abrazado por todos, que celebran así la gesta más brillante de su carrera.
Viendo la calidad, peso y experiencia de sus contrarios, se podría pensar que nuestro paisano era de características similares cuando apenas alcanzaba los setenta y cinco kilos y era de mediana estatura.

En la Recova, frente a Dominguito Vera, tuvo nuestro paisano la desgracia de “desvolarse” un hombro y ya nunca volvió a ser el mismo. Temiendo volver a accidentarse, no muy viejo, dejó de vestirse de corto.

Al abandonar definitivamente la práctica de la lucha continuó como asiduo espectador, no faltando jamás a las luchadas celebradas en su pueblo, comentando las mañas y forma de “contrear” en cada una de ellas.

Ya de mayor, tuve la suerte de verlo varias veces en diversos eventos de lucha de nuestra isla.

Falleció en su pueblo natal en 1972, rodeado de sus hermanos y sobrinos. Con gran acierto el municipio de Tías le puso su nombre al espléndido terrero que es el orgullo de todos sus paisanos.

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