Pregón de La Asomada 2014

Publicado: 11 junio, 2015 en Pregones de La Asomada

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de San José Obrero
La Aasomada   2014
Teodoro
 Por: Teodoro Camacho Hernández

Señor Alcalde, amigo Pancho Hernández.
Señor concejal de Fiestas, señoras y señores de la Corporación Municipal de Tías, autoridades.
Señoras y señores miembros de la Comisión de Fiestas de La Asomada.
Vecinas y Vecinos de La Asomada.
Amigas y amigos.
Cuando el pasado año 2013 la Comisión de Fiestas de la Asomada pensó en mí y me invitaron a dar el pregón de las fiestas de La Asomada para este año, la verdad es que no lo tenía muy claro.

Pasé desde la sorpresa inicial por la inesperada noticia, a la alegría y orgullo por la tarea encomendada, finalizando con la enorme responsabilidad que para mí supone ser el pregonero de las Fiestas de mi pueblo.

No lo temía por ellos, sino por mí. Aceptar aquella petición era una enorme responsabilidad conociendo la valía y enorme capacidad de quienes a lo largo de estos últimos años me han precedido en este alto honor de ser pregonero de las fiestas patronales de un pueblo.

Por aquí han pasado desde historiadores, médicos, catedráticos, gente con mucha preparación, y ahora me toca a mí, un hombre del campo, de la tierra, que se ha hecho a sí mismo, gracias al esfuerzo y la tenacidad de mi madre y padre, y toda mi familia, muy numerosa, como saben.

Agradezco a la Comisión de Fiestas este aprieto en el que me han puesto de ser pregonero de las fiestas de La Asomada, pero, digo desde ahora, que para mí se trata de un gran honor estar hoy aquí. Por eso acepté.

En La Asomada nací, me casé y formé una familia. Saben que a mí me gusta hablar, pero hacerlo ante tanta gente, lo tengo más difícil aún.

Pudiera enfocar mi pregón hablando de las singularidades de La Asomada, uno de los pueblos que mejores vistas tienen de toda Lanzarote, y el que más de los seis núcleos que forman el territorio del municipio de Tías.

Pero me van a permitir que haga un pregón en otra línea.

Antes que yo, por aquí han pasado gente que conoce mucho el origen y evolución de La Asomada y de todo nuestro municipio, y yo en lugar de hablar sobre historia, les compartiré mi experiencia, mis vivencias, que como muchos de ustedes que esta noche están aquí, está unida al devenir de este pueblo, de todo Tías, de la isla de Lanzarote. De la evolución que hemos experimentado en estas últimas décadas.

Ahora me viene a la mente aquellos momentos que siendo un chinijo – les hablo de los años sesenta – en mi casa me decían que era el más ruín de los 12 hijos que tuvo mi madre Peregrina y mi padre Estanislao (más conocido por Antonio Camacho).

En mi casa me decían que de pequeño estaba más tiempo enfermo que bueno. Mi hermano Melo, que es el segundo de 12 hermanos, siempre me dice que ni las veces que tuvo que levantarse más temprano que de costumbre para ir a La Caldereta a Casa de Pepe Calero a buscar leche de vaca porque era buena para mi enfermedad.

Melo se queja de las veces que tuvo que ir a La Caldereta a por la leche de la vaca, y eso que él me decía, que además era para el más malo de sus hermanos. Yo siempre le digo que la culpa tenía que ser de la leche de vaca de Pepe Calero porque no era normal que de 12 hermanos todos fueran buenos menos yo, que fui el único que comí leche de vaca.

A lo largo de mi vida, que son ya muchos años, he vivido muchos momentos. Ahora con el paso del tiempo uno recuerda aquellos primeros años, que aunque eran difíciles por las penurias que se pasaban en muchas familias, también fueron felices. Éramos niños, teníamos la inocencia de la juventud.

Recuerdo a mi vecina Nieves Duque, que siempre fue parte de mi familia. Nieves fue hija única, hija de Señor Pepe Duque y la Señora María. Llegaron a La Asomada desde la Villa de Teguise cuando ella tenía 13 años.

Siempre decimos que en casa no somos 12 hermanos, sino 13. Nieves fue, y siempre ha sido como una hermana para nosotros, la familia Camacho Hernández. Era la hermana mayor, de pequeños todos mis hermanos y yo pasábamos mucho tiempo en la casa de los padres de Nieves, Señor Pepe y la Señora María. Nieves estaba. Y aún hoy, pendiente de todos los demás para ofrecernos su ayuda y cariño.

Quienes hemos nacido y vivido siempre en La Asomada tenemos en la memoria colectiva a muchas personas del pueblo, de esta comarca que significan mucho y lo han dado todo.

Muchos de nosotros, gente de mi quinta, que esta noche estamos aquí, los primeros ojos, la primera cara, las primeras manos que tocamos cuando salimos a la vida, han sido las de Doña Carlota Fajardo. Antes que a nuestras madres, a la primera persona que vimos al abrir los ojos al nacer fue a la Señora Carlota.

Ella era la partera de esta parte de nuestro municipio. Doña Carlota Fajardo vivía en Tegoyo y ayudó a nacer a la mayoría de las niñas y niños que hemos nacido en gran parte de los pueblos del municipio de Tías. Desde Mácher, Conil, Masdache, La Asomada y alrededores cuando las madres se ponían de parto a quienes llamaban era a Doña Carlota. Ella con su gran sabiduría natural nos traía a la vida, nos daba los primeros cachetes para hacernos respirar.

Recuerdo, ahora, que Doña Carlota se pasaba la mitad de su tiempo caminando y algunas veces en su burro. Era la única forma de ir, de día o de noche, a las casas de las familias de toda esta zona y pueblos cuando las mujeres se ponían de parto. A mi casa vino muchas veces. Tantas, como apóstoles ha tenido Jesús.

La vida de nuestros pueblos, de Lanzarote, está llena de muchos personajes que tenemos en nuestra memoria colectiva. Ellos son la historia viva, la otra que no está escrita en los libros, sobre cómo era el devenir de aquellos años donde aún el turismo no había llegado a la Isla y las familias vivíamos con lo poco que nos daba el campo, compaginada con los tiempos que los padres de muchas familias pasaban en la Costa en aquellas zafras.

Antes de llegar las tiendas de comida, la comida llegaba a nuestras casas dentro de las cestas de los burros. Y no es que esos burros viajaran solos por los pueblos, sino que era el sistema de transporte para recorrer la Isla de punta a punta.

Dentro de todos estos recuerdos que estoy compartiendo con ustedes, quiero tener presente a Doña Facunda y a su esposo Rafael. Ellos eran un matrimonio de San Bartolomé que venían dos o tres veces a la semana cargados con dos burros.

Con ellos llegaban hasta aquí el pescado salao, las jareas, los tollos, pan, mimos, azúcar, y hasta batatas. En algunas ocasiones nos traían pardelas.

La primera parada de Facunda era en Conil, en Casa de Prudencia, al lado de la iglesia. Luego en los Barrancos de Tegoyo. Algunos de La Asomada nos adelantábamos e íbamos a Tegoyo para tener la garantía de quedarnos con algunos alimentos de primera necesidad. Era común que cuando los burros de Rafael y Facunda llegaran al Callao ya nos les quedaba esos alimentos básicos. La tercera parada era cerca de la Casa del Señor Pepe Duque y la última parada era en la Casa de Celia, la mujer del Maestro Caciano.

En esa época eran pocos los que tenían dinero para comprar y era común el trueque o cambio de alimentos. Hasta aquí traían pescado y ellos se llevaban en los burros chícharos, arvejas, lentejas, tomates. Si había cabritos, también eran cambiados por otros productos que no se daban en esta zona.

Eran años donde este matrimonio llevaba hasta la plaza de Arrecife, en las cestas de sus 2 burros los productos de nuestro campo, para venderlos, y desde la Recova cargaban el pescado o lo que no teníamos en estos pueblos y necesitábamos.

Todos los de mi edad nos acordaremos del esposo de Doña Facunda. Cuentan que el brazo que le faltaba a Rafael lo había perdido por la mordida de un burro. La inocencia de ser pequeño no te hacía pensar que las personas salimos adelante, incluso ante la adversidad o las discapacidades. Ya entonces, ver a una persona sin brazo, era motivo de asombro. Pero esa limitación física por la mordida del burro no le impidió sacar a su familia adelante recorriendo barrancos y veredas a lomos de ese animal que le creó la discapacidad pero era su vehículo y herramienta de trabajo.

Hoy todos utilizamos el ordenador. En aquella época, en los años 60 la calculadora de Dña Facunda era su cabeza. Era una persona, común en esos años de penuria, que no sabía leer y escribir. Las cuentas las hacía de la siguiente manera:

Cuando era un duro, o sea cinco pesetas ( hoy serían 5 céntimos de euros), hacía un redondel como una 0. Para saber que era una peseta hacía una raya como un palo de punta. Cuando era media peseta una raya más pequeña. Cuando era un real, que era la mitad de media peseta, hacía una O con un círculo pequeño en el medio. Fíjense que había otras monedas como la perra gorda y la perra chica, pero yo de eso no me acuerdo lo que hacía para hacer las cuentas.

Hoy todos hablamos del euro, pero aquí tenemos muchos jóvenes que no saben que antes era normal hablar de cinco duros, diez duros y los 20 duros, las desaparecidas 100 pesetas.

Empecé a ir a la escuela con casi 6 años, era la edad que entonces tenías que tener para que te dejaran entrar en las clases. Hoy en día, de meses ya están los críos en la guardería y a los tres años se matriculan en los colegios.

La mayor parte que estuve en la escuela tuve como maestro a Don Juan María Perdomo Perdomo. Sólo existía una escuela en La Asomada, donde daba clases Dña Carmen, que era la esposa de don Juan María, y maestra de profesión como él.

Mientras se llevaron a cabo las obras para hacer la nueva escuela en La Asomada, junto a la antigua, durante dos cursos fuimos a la Caldereta, a una casa vieja, casi en ruinas, del Señor Enrique, cerca de Pepe Calero. Recuerdo que la nueva escuela se hizo con el esfuerzo de todos los vecinos del pueblo.

Yo les decía al principio que la leche de vaca me hizo diferente. Una diferencia que también tenía en esos años de la escuela. No era muy bueno ni como estudiante ni como compañero de clase. Tenía fama de pelear con algunos compañeros de clase.

En mis tiempos de colegio en Conil no existía escuela y los niños tenían que venir a La Asomada. En estos años tampoco había iglesias ni en Conil ni en La Asomada.

Para hacer la Primera Comunión había que ir a la Ermita de las Vegas en Tegoyo, Era allí donde también íbamos a las catequesis.

Un curso tuve como profesora a Doña Carmen y siempre se quejaba a su esposo, el otro maestro del pueblo Don Juan Perdomo, que a mí no había quien me metiera a camino. Así, durante más de dos meses estuve saliendo 15 minutos más tarde que mis compañeros. Era un castigo merecido que me lo aplicaban para dar tiempo a que ellos llegaran antes a sus casas y evitar las peleas al salir de clase.

Como desde pequeño seguía siendo diferente, Don Juan me llevó con él a la otra escuela de La Caldereta, al año siguiente.

Con la llegada de la democracia a España, y uno siendo adulto, supe lo que era el Plan Marshall. Sé, ahora, que gracias a este señor americano y a la ayuda que recibimos de Estados Unidos, siendo un chinijo, en los primeros años de escuela, durante el recreo nos daban un vaso de leche empolvo con agua.

Esta leche y el agua estaban en el Colegio de La Asomada. Nosotros veníamos desde la Caldereta a buscarla. El maestro Don Juan nos enviaba en la hora del recreo a recoger el agua y la leche en polvo. Este maestro tenía mucha precaución para vigilar que no fuéramos siempre los mismos quienes íbamos a por la leche, ya que nos peleábamos entre nosotros para ir a buscarla. La que llegaba en polvo y en bolsas.

Esa era una época donde los docentes hacían de todo, incluso ponían sus coches para llevarnos a la playa. Recuerdo que para muchos era la primera vez que nos subíamos a un coche era el de don Juan Perdomo cuando era verano nos bajaba hasta la playa de La Tiñosa, más tarde rebautizada como Puerto del Carmen.

Don Juan tenía un coche de color café y leche y para nosotros cuando nos llevaba a la playa era toda una aventura. Primero, por subirnos en un coche por primera vez, y segundo por ir a la playa, que para muchos era también la primera vez que íbamos a bañarnos y jugar en la playa, a la orilla de la marea.

Don Juan tenía la ventaja que en aquella época podía llevar más pasajeros en su coche. Era la única manera de que muchos pudiéramos ir. Solo había un único Policía Local, el agente Rafael, y la Guardia Civil de Tráfico empezaría a venir una vez al mes a la isla desde Gran Canaria años más tarde.

Les hablo del año 1966. En esa época únicamente el Ayuntamiento de Tías tenía un policía local y encontrar a un guardia civil de Tráfico en nuestras carreteras era casi imposible.

A punto de cumplir los 13 años quería dejar la escuela para ponerme a trabajar. En aquella época era común que siendo niño nos pusiéramos a trabajar. Y cuando se lo dije a mi maestro Don Juan él habló con mis padres para enviarme a aprender a un taller de Las Palmas y me alojaría en la casa de la familia de su esposa, que era natural de Gran Canaria.

Eran esos tiempos donde uno tenía un poco de miedo de ir a un lugar, a otra isla que no conocía. Yo apenas había salido de La Asomada. Así que en lugar de irme a Las Palmas de Gran Canaria, como era el deseo de Don Juan, me buscaron un taller en Arrecife, en la zona de Puerto del Naos.

Allí tuve, junto a Rodal, un profesional gallego casado en Lanzarote, donde me inicié en la mecánica y talleres. Estuve seis meses aprendiendo a soldar y a trabajar en el torno. Pero cuando uno estaba de aprendiz, lo que hice la mitad de ese tiempo en aquel taller era estar de recadero para ir a la Ferretería y hacer la limpieza del taller.

Allí coincidí con Gregorio Medina, un gran amigo y vecino en la actualidad de La Asomada. A Gregorio lo conocen mucho por aquí, es miembro de la Comisión de Fiestas.

Del taller de Rodal cambié a tiempo y me fui a trabajar en la Fábrica de los Rosas, en una máquina. Ya desde entonces supe que a mi me gustaba las máquinas. Mi antiguo maestro, Don Juan, se enteró y casi preocupado habló con mis padres, nuevamente, para que siguiera aprendiendo más en aquellos talleres.

No había forma de que me hicieran cambiar, eran los años de la juventud, pero sobre todo, supe siendo pequeño, ya me gustaba trabajar en las máquinas. Me gustaba y quería seguir haciendo aquello que hacía en la fábrica de Los Rosas. Trabajé en estas máquinas hasta que me fui al cuartel.

Siempre tendré en mi memoria la entrega y esfuerzo que hizo don Juan Perdomo por mí y muchos niños de mi época. Era un maestro de los de antes, que además de la educación, y cultura, velaba para que nosotros nos labráramos un mejor futuro y aprendiéramos un oficio.

En la Asomada, muchos de sus hijos, le debemos mucho a Don Juan Perdomo. Ha sido un maestro muy vinculado a nuestra historia como pueblo, tanto de La Asomada, como del municipio de Tías. Don Juan María Perdomo, además de ser maestro aquí lo fue en el colegio de Tías, el que lleva por nombre alcalde Rafael Cedrés.

Don Juan, incluso, además de director del colegio de Tías llegó a ser alcalde de nuestro municipio entre los años 1972 y 1978.

Uno es en la vida lo que ha aprendido, lo que ha compartido, pero también lo que ha convivido. En la vida tenemos familia, la que integran nuestros seres más queridos y cercanos. Pero a veces en esta familia también están esas personas que han sido compañeros de colegio o trabajo.

Esta noche, en este pregón, quiero tener un recuerdo especial para Tomás Hernández y Andrés Paz. Son dos personas a las que les tuve un aprecio muy especial. Gente muy noble que siempre estarán en mi recuerdo.

Con 10 años, recién cumplidos, y siendo el verano me avisaron para ir a vendimiar con Don Pepe Pereira. Los encargados de los chicos que íbamos a la vendimia eran Tomás Hernández y Andrés Paz. Eran dos personas, que siempre nos trataron bien. La primera vez que fui a vendimiar no podía con la cesta vacía y los chicos más grandes se aprovechaban y nos las llenaban más de la cuenta. Tomás y Andrés siempre estaban atentos para evitar estos abusos de los chicos grandes hacia nosotros cuando éramos pequeños.

Quiero resaltar en este pregón la figura de mi tía política Juana González Quintero. Yo siempre digo que personas como mi tía Juana en cada pueblo no nace más que una. Era de esas personas que cuando hablaba, fuera de una persona mayor o con un niño lo hacía con un respeto y con una tranquilidad que era para escucharla. Con ella aprendí muchas cosas sobre todo a respetar a los demás. Era una persona que sabía hacer de todo.

Una vez al año, en casi todas las casas del pueblo, se hacía una comida, bien porque se mataba algún animal por las fiestas o había algún acontecimiento. La verdad es que Tía Juana siempre destacaba por ser una buena cocinera o todo aquello que ella hacía.

Cuando le tocaba las faenas del campo, arar para plantar cebollinos o sembrar la tierra, la gente le encantaba presumir de hacer los surcos, unas mejor que otros. Donde los hacía mi Tía Juana no tenía que envidiar a nadie del pueblo. También era costurera y ella hacía la mayoría de los vestidos de la gente del pueblo.

Cuando alguna persona se ponía enferma siempre tenía algún remedio casero para aliviar el mal que lo aquejaba. Y cuando te daba un concejo, te lo decía de la forma que se te quedara grabado para siempre.

Existen pocos pueblos que la mayoría de sus habitantes estén repartidos en cuatro familias. Yo tengo el honor de ser miembro de una de esas familias que en su día habitamos en La Asomada. En aquella época, a principios de los setenta del siglo pasado, ya la mitad del pueblo éramos las familias Mateo Betancort y su esposa Andrea Ramos, Ramón Álvarez y su mujer Julia Bermúdez; Tomás Hernández y Victoria González, y mis padres Antonio Camacho y Peregrina. Fíjense. Mateo y Andrea tuvieron 15 hijos; Ramón y Julia, 13, Tomás y Victoria, 11 y mis padres, como les dije, 12. En total, éramos 51 hijos en estas 4 familias. Más de la mitad de los habitantes de La Asomada.

La historia de un pueblo se palpa en las vidas de sus gentes. En La Asomada tenemos buenos ejemplos de esa gente noble, que significó mucho para el devenir de esta zona y también para mí como persona.

Quienes ya tenemos varias décadas a nuestros costados nos acordamos aún de Atanasio Morales, que también fue mi tío político, que era una persona muy generosa. Sabía compartir con todo el mundo lo poco que tenía. Aún recuerdo cómo con un trozo de tollo o una jarea nos contentaba a muchos. Siempre aprendí y disfruté de todo el tiempo que estábamos junto a Atanasio, una persona con un gran sentido del humor y nobleza.

Otro de esos personajes humanos que dejaron huella entre muchos de nosotros fue Segundo Bonilla. Un hombre que era toda una sabiduría popular y que era muy difícil encontrar a alguien que hablara mal de este gran hombre, que se dedicó toda su vida a la agricultura.

Entre estas personas que están en el recuerdo de muchos de nosotros está una de las vecinas más mayores de La Asomada. Ya supera los 90 años y mantiene viva su gran nobleza. Les hablo de Amalia Ferrer, una gran persona que todavía se desvive por los hijos de este pueblo.

No podría dejar de recordar en este pregón a mi vecina Caridad Cejas. Con ella he vivido a lo largo de mis años malos pero también buenos recuerdos. Yo siempre digo que Caridad es de esas personas que son capaces de decirte en menos un minuto todo lo que piensa, y que tú no quieres oír, pero que cuando necesitas de su ayuda es la primera que te la ofrece sin esperar nada a cambio.

Recuerdo que siendo chinijo mi madre me mandó a la tienda de Victoria, con mi hermano Paco, y Caridad iba para su casa con su burro y entre las alfojas iban metidos dos de sus hijos, Rafael y Celestino. Aquel día mi hermano Paco, que siempre ha tenido una risa que largaba en La Asomada y se oía en Conil, le dijo a Caridad:

Caridad uno pesa más y otro pesa menos. Uno va por debajo de la barriga del burro. Y al oír esto, Caridad sale corriendo detrás de mi hermano Paco con la vara que llevaba siempre para tocar el burro, pero no lo alcanzó. A la vuelta se vino hacia mí. Le recordé que yo no había abierto la boca, pero me dice que al no coger a mi hermano, el varazo era para mí.

Yo no sé qué me dolió más si este varazo que me había dado Caridad o que cuando llegué llorando a la tienda del pueblo allí estaba Victoria González, y me bajó los pantalones delante de toda la gente que estaba allí para verme el varazo que me había dado Caridad.

En esta recta final del pregón no me gustaría terminar sin hacer un reconocimiento a una de esas personas que más han colaborado, año tras año, en la organización de las fiestas patronales de La Asomada.

Les hablo de María Teresa de León Rivera que lleva más de un cuarto de siglo haciendo estas fiestas con otros muchos vecinos del pueblo. María Teresa, que nació en Tao, perteneciente al municipio de Teguise, es un buen ejemplo de ese gran dicho popular que dice: No se es de donde se nace, sino de donde se vive y ella lo ha demostrado con creces.

En este pregón relato las vivencias de muchas personas de nuestro pueblo pero también existen otros aspectos, como su historia y el gran tesoro que hay bajo nuestros volcanes y fincas.

Quiero recordar que en La Asomada, que estamos a 340 metros de altitud, existen hasta 15 fuentes naturales. Éstas fueron muy importantes para la supervivencia de la gente. En aquella época muchas familias vivían gracias al agua de la Fuente llamada como Fuente de los Pobres, una fuente comunitaria que permitió la vida durante muchos años donde lo común en Lanzarote era la escasez de agua.

A lo largo de este tiempo he pasado por los recuerdos de un pueblo, esa imagen en blanco y negro.
Ahora, ya no hablamos del pasado, lo quiero hacer del futuro
Aquí es donde quiero terminar mi pregón con el reconocimiento a todos ustedes
A los que tuvieron la oportunidad de salir fuera, aprender y avanzar, y aquellos que decidimos quedarnos a vivir aquí.
A todos esos vecinos que en estos últimos años han querido que La Asomada, Tías, sea su nuevo pueblo, su nueva casa. Muchos han venido de fuera, y otros siempre hemos estado unidos al árbol de la vida, esa que ha sido alimentada con el agua natural que brotó a lo largo de los siglos en esas 15 fuentes,
Son, ustedes, somos nosotros quienes a lo largo de los años hemos hecho el pueblo, hemos construido esta iglesia, hemos decidido que nuestro Patrón fuera San José Obrero, el padre de todos los padres, y el maestro que todos hemos tenido y queremos seguir teniendo.
Somos las personas, los vecinos, la gente de este pueblo quienes hemos logrado entre todos hacer que La Asomada avanzara y sea un lugar deseado por muchos para establecer su nueva residencia.

En este pueblo nadie se sintió nunca extraño, nadie pudo decir que no encontró una puerta abierta, una mano para ayudar y una facilidad de integración como no he conocido en ningún otro lugar de la Isla.

Marca la tradición que las fiestas arrancas con la lectura del pregón. Con este acto de hoy comienzan las fiestas en honor a San José Obrero. Sé que la Comisión de Fiestas, con el apoyo y colaboración del Ayuntamiento, ha programado muchas actividades para el disfrute de todos, jóvenes y mayores, donde deseamos que la alegría sea en estas semanas nuestra gran aliada.

La Asomada, eres es mi pueblo. San José Obrero, eres mi santo y patrón.

Aquí estoy, es mi pueblo y aquí aprendí todo. Como la mayoría de ustedes, he trabajado duro en mis años, y en las fiestas del pueblo, he bailado, cantado, reído… Todos hemos llorado y nos hemos enamorado.

Tengo buena memoria y me acuerdo muy bien de cada momento de dicha. Pero sobre todo sé muy bien de donde soy.

Muchas gracias por darme la oportunidad de decir alto y claro, desde aquí, en este Centro Socio Cultural, que estoy orgulloso de ser de de La Asomada y de haberme permitido compartir con ustedes, a modo de pregón, parte de mi historia, que es la historia común de muchas vidas de la gente de La Asomada.

Es un honor dar la salida a las fiestas de mi pueblo.
Que haya salud para todos.

Toca pasarlo bien…

Muchas gracias.

Hasta siempre.

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