Pregón de Mácher 1998

Publicado: 11 junio, 2015 en Pregones de Mácher

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de San Pedro
Mácher 1998
Por: José Umpiérrez Viñas

Jose Umpierrez- Macher

Este, mi pregón festivo a los habitantes de nuestro amado pueblo de Mácher, incluyendo a los forasteros que acudan a disfrutar y caminar por las floridas almenas que circulan la plaza de la Iglesia. Creo recordar que en el pregón de la fiesta anterior les habló de mi abuelita Juana, una de las más fieles devotas de este portentoso pueblo donde siempre brilló la devoción cristiana como el faro más luminoso de la Fe. Recuerdo que casi siendo un niño mi mano buscaba afanosamente la de mi abuelita Juana que apretujaba tiernamente, palpando en ella ya marchitas el cansancio de sus dedos al recorrer cuenta a cuenta las 59 de la sublime oración cristiana.

Me parece revivir todas las tardes, al oscurecer en que tomábamos asiento en los muros del patio y dábamos las gracias al Señor por el bien recibido, rezando a continuación con el corazón henchido de puro gozo y el alma flotando por los espacios siderales en busca de nuestro Santo Patrón, que un día tal vez no muy lejano nos conduzca gozoso hasta las puertas de su Eterna Mansión: ¡Que verdad tan grande y hermosa compañeros y amigos de pueblo tan amado! Seguiré dándole a este pregón festivo, toda la grandeza espiritual de este portentoso pueblo que camina despacio por los anchurosos y floridos senderos de la Fe cristiana y andando se perderé allá, en la lontananza como diminuto pigmeo para volver sobre sus pasos, cantando muy quedito una estrofa espiritual que una a todos los creyentes en el mismo haz y en un fraternal abrazo de Fe cristiana, esperando que cuente con alguna oveja descarriada que muy pronto volverá al redil con otros pastores, de hecho ya lo estoy si les aseguro que todos los Domingos a las nueve de la mañana, me acomodo frente al televisor y oigo la Santa Misa con toda la atención puesta en estos actos tan religiosos de los festejos de los pueblos civilizados.

Todos los que tengan la oportunidad de leer o escuchar el presente relato, comprenderá que me refiero a hechos ya tan remotos en el hogar de mis abuelos maternos en el que viví y continuo viviendo en la actualidad.

Todos los vericuetos del pasado los he recorrido lentamente, para husmear y darle forma exacta al presente pregón que escribo gozoso para habitantes tan maravillosos, con el amor más inmenso a su Santo Patrón.

Recuerdo con cierta nostalgia en que mi abuelito Manuel, charlaba un domingo por la tarde y víspera de las Fiestas de San Pedro y San Pablo de Mácher con su entrañable amigo y vecino Don Eligio Urbín, padre. El que suscribe hoy desde aquellas tan lejanas no era más que un aturdido mozalbete de siete años, pero aún recuerdo que comentaron que por el norte del aljibe de las Casas viejas, creo recordar que propiedad de Don Juan Medina con domicilio en Mácher, allanaron una pista ancha y de más de 200 metros de recorrido para disputar las carreras de caballos, en los festejos de Mácher, concertándose algunas apuestas entre los concursantes y el público. Años más tarde se efectuaban desde la Vista al Rincón.

El recorrido de la Santa procesión se efectuaba desde la vieja ermita, unas veces hasta la vivienda de Don Manuel Coll y otras bajando por el camino detrás del domicilio de Don Antonio Mesa. En los ventorrillos donde se servía el vino y algunas cervezas alemanas que muy pocos consumían ya que representaban un pequeño lujo para los bolsillos de la época. Las ruletas eran el portentoso atractivo para todos los niños que nos dejábamos toda la calderilla en ellas, mirando con ojos desorbitado s los turrones alicantinos de hasta un kilo que colocaban en los premios; pero los muy ladinos de los ruleteros en el premio colocaban, con arte de Satanás torcían un poco los clavos para que no se detuvieran en tan suculento premio, claro que a fuerza de perras gordas nos tocaba un turrón de 30 gramos. Don Pedro Acosta y Don Juan Cabrera aparecían por la ermita desde muy temprano con los dados y el cubo del bichillo para limpiar a los incautos, no siempre tenían la suerte de cara; algunas veces llegaban señores con tanta suerte que los dejaban mirando al sol del poniente con brillo diamantino.

Don Domingo Calero poseía en aquella época un casino en Mácher donde se amenizaban los bailes por las fiestas y una cantina para despachar bebidas, por las mañanas lo utilizaba para darnos clases a los niños del pueblo; este señor y vecino nuestro, había estudiado un poco en Arrecife y contrajo matrimonio con una joven de la capital. Me parece que en el año 1917 salió para Las Palmas con destino al Ayuntamiento. A partir de aquella fecha, los bailes se hacían en una habitación de Don Zacarías Lemes, junto al Barranco de la Pila: En esas fechas llegó por allí un titiritero con tres muñecos, Don Toroto, Mandarria y Cristobita, esta pareja poseía la facultad de hablar sin mover los labios y hacían las delicias de viejos, jóvenes y niños que ni siquiera habíamos llegado a la capital arrecifeña. En aquellos ya tan lejanos, la mayoría de los niños de casi todos los pueblos lanzaroteños: ¿qué éramos?, simples cabreros a los ocho.

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