Pregón de Mácher 1999

Publicado: 11 junio, 2015 en Pregones de Mácher

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de San Pedro
Mácher 1999

Jose Umpierrez- Macher Por: José Umpiérrez Viñas
(Leído por Miguel Angel Romero Hernández)

Una vieja carretera de tierra ha transportado nuestros sentimientos, ilusiones y recuerdos más cercanos. Separando los pueblos, el polvo de los caminos ha llevado consigo la humildad de los rostros conocidos, que compartían la labor en el mar y en el campo.
Esas lomas amarillas de un Mácher antiguo, única imagen que el tiempo no ha logrado cambiar.
El silbido del viento todavía me trae la memoria de personas como Tomás Lemes y su hermano Rafael. Cito a Cipriano Aparicio y a Antonio Urbín, y no me olvido de esa mujer que me llevaba cogido de la mano cada domingo a la ermita de San Pedro: mi abuela Juana Lemes.
Todos ellos son parte de mi experiencia pasada en estas ventosas y secas lomas sureñas.
Recuerdos que lleva este camino bien hacia Yaiza, bien hacia el Puerto; únicos destinos de tantas rutas que tiene el mundo. El paseo visual que disfruto desde El Mesón es suficiente para contar vidas y para analizar vidas.
Cuando mi mirada se dirige hacia la parte alta del pueblo o hacia la lejanía de Tías, veo como esa mancha blanca se va extendiendo progresivamente, consumiendo campos y recuerdos que ya nunca podrán ser sustituidos.
Las fincas antes trabajadas, los muros levantados y el rofe aletargado en espera de una mano labradora, acariciaban las espumas de un mar que traía productos desde el horizonte. Mar y tierra saciaban al hombre de Mácher. Ahora busco ese azul y amarillo, eterno en mi mirada.
Y lo que encuentro son cambios radicales, en la estructura yen las costumbres.
El terreno ya no es cubierto por cebollas, tomates o granos. Es ocupado por bloques y cemento que acogen a nuevos y numerosos habi¬tantes.
Las aguas ya no son surcadas por pequeñas chalanas o finas cañas, sino por enormes veleros y hasta motos acuáticas.
El contacto del hombre con el medio que lo rodea se ha desvirtuado y ha dejado de ser respetuoso. El hombre de Mácher y el hombre de Lanzarote camina hacia delante, pero lamento que lo haga olvidando la raíz de lo que fue y de lo que es, así como hacia dónde caminamos.
Los pejines o las jareas, el gofio y los porretos han sido relevados por el pescado rebozado, los cereales y los dulces empaquetados.
La ermita partió desde El Mesón y apareció una nueva en el centro del pueblo, junto a las fachadas blancas y de colores terrosos.
El camino que antes transportaba vida y espíritu ahora traslada prisas y humo. Los que algo disfrutan son los tranquilos visitantes, pues nuestras manos, que antes labraban campos sostienen ahora bandejas y bloques.
El turismo nos ha dado riquezas y nos ha permitido sacar nuestros pies del polvo de la tierra.
Pero, ¿a costa de qué? Nos ha permitido alcanzar un nivel de vida antes inimaginable. ¿Quién hubiese pensado que los televisores, radios y vehículos a motor estuviesen a mano de todos?
Sin embargo, una vez obtenido lo que siempre nos pareció tan lejano, quizás es hora de planteamos hacia dónde vamos y qué es lo que queremos.
Las Fiestas de San Pedro son momentos de celebración, pero no puedo dejar pasar esta ocasión para reclamar un grado de reflexión sobre el presente y futuro que nos toca abordar. Un futuro que ya no es mío, sino que debe ser por y para las generaciones presentes y futuras.

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