Pregón de Puerto del Carmen 2001

Publicado: 7 julio, 2015 en Pregones de Puerto del Carmen

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de Ntra. Sra. del Carmen
Puerto del Carmen  2001
Por: Antonio  Montelongo  Fránquiz

Señoras, señores, amigos y vecinos:montelongo

Antes de nada, agradecer la cortés invitación que se me ha hecho desde el Ayuntamiento de Tías para ser el pregonero de las Fiestas de Nuestra Señora del Carmen de la localidad de Puerto del Carmen, aunque en el corazón y para siempre, sea en mi memoria y recuerdo, la localidad mariana de LA TIÑOSA.

Todos los pueblos tienen nombre, color, sexo y edad. El pueblo donde hoy nos encontramos se llama La Tiñosa, rebautizada como Puerto del Carmen. La Tiñosa es azul, como el mar que le rodea, que baña sus orillas, al igual que todas esas ciudades y pueblos asentados frente al mar. Azul como las ilusiones que han tenido sus habitantes en el progreso y en el futuro. Azul como la tranquilidad y hospitalidad de sus gentes. La inmensidad azul de su cielo y océano la ha hecho erguirse desde tiempos pretéritos como un enclave cercano, solidaria con sus vecinos.

La Tiñosa es una niña, es una mujer, y una anciana. La niña que ve como su vida transcurre en la seguridad de los suyos. La madre que recoge a sus hijos desperdigados por el mundo, que buscaron un día fortuna en otras tierras y en otros mares, y que hoy regresan para unirse en estas fiestas en el acercamiento a sus raíces. La tiñosa es serena anciana que alberga historias de muchos siglos, historias cercanas y lejanas, algunas olvidadas y otras reencontradas.

Su edad es eterna, como sus campos cercanos en primavera; como el mar que nutría sus almas, de sueños, de anhelos, de ilusiones. Eterna como el sueño que le ha tocado vivir en diferentes épocas, con el comercio, con la barrilla, y con el turismo.

Para mí, como tiñosero de pura cepa, este lugar es algo más que llena mi vista, mi olfato, mi sexto sentido en lo más hondo. Es vital, luz, placidez, locuras. La tiñosa enmarca su nombre con el de Puerto del Carmen en encajes ancestrales, de magias, de luces y sombras, pero sobre todo de sueños hechos realidad.

En multitud de ocasiones me he acercado a esta orilla. Hablar de LA TIÑOSA, es hablar de una historia marginada en el tiempo, incluso en el presente. Por ello les invito a recorrer, entre la historia y los recuerdos, la vida y miseria de unas personas que luchaban por su vida en este y otros mares, de esas personas que nunca recibieron nada de nadie, donde la miseria se compartía, y las penas se ahogaban entre las paredes de este pueblo abandonado de la mano de Dios y de la tierra.

Hoy quisiera acercar la realidad de este pueblo, tan pequeño y tan grande, a la vez con su historia, pero no la historia elocuente, sino la del común, la del propio habitante, la del ciudadano que día a día, mes a mes, año a año, siglo a siglo, ha ido conformando la esencia de La Tiñosa, a través de familia, del grupo.

LA TIÑOSA nunca ha sido objeto de estudios dentro de la costumbre popular lanzaroteño, pero se le ha reconocido como un lugar apestado, donde un grupo de personas se encontraban aisladas de todo. La verdad, cuando se contempla, como este quién les habla, desde la intrahistoria del pueblo que nació del mar y se ha volcado en el turismo, no hace sino pensar que este como ejemplo ha servido como elemento de adaptación a nuevos tiempos y nuevas mentalidades, sociales, económicas y culturales.

Orígenes de La Tiñosa

LA TIÑOSA nace como enclave geográfico desde mucho antes de la llegada de los franco normandos a Lanzarote en 1402. Los testimonios están recogidos en las manifestaciones arqueológicas halladas en sus cercanías, desde el barranco del Quíquere al sur, hasta las marismas de Guacimeta con sus maretas al norte, pasando por las tierras de Mácher. La toponimia nos acerca para su estudio a otras localidades de las islas Canarias, así encontramos Tiñor en el Hierro, Tinoca en Arucas, Punta Tiñosa en Corralero…

En 1464 se habla del supuesto robo de la imagen de Nuestra Señora de Candelaria por parte de Sancho de Herrera el Viejo (señor de Lanzarote tras la muerte de su madre, Inés Peraza), quién tras llegar a las playas de Candelaria en Tenerife y gracias a los tratados de paces establecidos con algunos reyes Guanches de esa isla, pudo lograr llevarse la santa imagen y trasportarla a Fuerteventura. Abreu Galindo, por su parte, manifiesta que dicha imagen fue trasladada al lugar de residencia de Sancho de Herrera; es decir, la isla de Lanzarote y fue embarcada a través del puerto de La Tiñosa. La presencia de la virgen de Candelaria en Lanzarote no resulta nada extraña, si conocemos que existió la aldea de Candelaria que tenía una ermita denominada con igual nombre, y que desapareció tras los volcanes acaecidos durante los años de 1730-1736.

En el año 1528 el galeón Piedad descarga una partida de granos en La Tiñosa, debido sobre todo a las necesidades existentes en la isla en ese periodo histórico.

El término de Huelma, o de doña Catalina y La Tiñosa

La venta de la mitad del término de Huelma el 23 de febrero de 1577 por parte de Juan Pedro Ruiz y Lorenzo Vega a Sancho de Herrera León y a la suegra de éste, doña Catalina de Lugo (quién dará nombre a este término con el nombre de doña Catalina), testimonia en esta amplia extensión parte del territorio de La Tiñosa. En escritura de 27 de junio de 1723, donde Juan Bermúdez, por herencia de su madre Catalina Medina, vende al alferez García Durán 52 reales en el término de Guerma (Huelma), cuyos linderos son los siguientes: “partiendo desde las casas de Tese hacia el camino que va a Conil, desde aquí hacia la mareta de Mosegue, y luego hacía la pared de Luis de León. De la Montaña de La Asomada hacia abajo por el este hasta el lomo Martínez, a través del barranco hondo hacia la mar, luego hacia playa blanca hasta la tegala en el lomo gordo, hasta los rostros Bermejos, y desde este hacia los Hoyos del agua, por los corralitos de Sánchez hasta la peña del Asiento entre las montañas y casas de Tese que llaman de Gregorio Ruiz”.

En los anteriores documentos aparece la referencia de la amplia zona que rodea en el litoral el enclave de La Tiñosa, nos referimos a la inmensa playa, que desde ese tiempo se denominaba Playa Blanca.

Otro hecho histórico, ubicado en la zona de La Tiñosa, ocurrió cuando en el siglo XVI, Lucas Gutiérrez Perdomo, hijo de Diego Gutiérrez y de María Perdomo, biznieto del último rey de Lanzarote, Guardafia, bautizado Luis Gutiérrez, halló en estas playas una gran pella de ámbar gris (sustancia que se obtenía de las vísceras del chacalote, sólida, opaca, de color gris con vetas amarillas y negras, de olor almizcleño, que al calor de la mano se ablanda como la cera y la cual se halla en masas pequeñas y rugosas, se emplea en perfumería y como medicamento excitante. El topónimo Peña del ámbar ubica el hecho en estas costas). Pero la ambición del primer marqués de Lanzarote, Agustín de Herrera y Rojas, quien se apoderó de tan codiciada presa, motivó un litigio, que se resolvió con la concesión de una merced por el marqués a Lucas Gutiérrez de la vega de Tahiche, parte de la dehesa de Ye y del cortijo de Iniguaden (hecho que se recoge por Viera y Clavijo del Memorial Ajustado del Estado de Lanzarote, pero no en el libro realizado recientemente sobre este documento).

Torriani la dibuja en su mapa de Lanzarote en 1590, inscribiéndola con el nombre de Tiñosa, aportando por primera vez cartográficamente este topónimo. La grafía con una característica “c” en forma de cerilla denota la clara transformación hacía una “z”, con lo cual la divulgación popular sobre el origen de este nombre queda totalmente en entredicho, al haber encasillado a los tiñoseros como personajes de mala condición.

Pero verdaderamente, cuando La Tiñosa comienza a contar como entidad demográfica es en el siglo XVIII. Las erupciones volcánicas de 1730-36 motiva un gran desplazamiento poblacional, a la vez que con la masiva introducción de los arenados, permite un crecimiento económico, motivando el asentamiento en esta costa. Sus primeros habitantes aún continúan con cierta inestabilidad poblacional. Será a finales del siglo XVIII cuando la población, ante el receso de la piratería y el auge del negocio barrillero, se instala definitivamente en estas orillas, siendo a partir de este momento cuando la historia de este quien les habla comienza.

Los primeros matrimonios de naturales de La Tiñosa celebrados en la parroquia de Tías, se llevan a cabo en 1830 cuando se casan Julián García de La Tiñosa y Bernabela Rodríguez de la Asomada. En 1831 se casarán Juan García y María Pérez de tías. En 1834, Julián Montelongo y Petra Rodríguez; en 1835 Domingo Rodríguez y María Gopar de Tías.

Las primeras defunciones nos señalan a un hijo de Bartolomé Luis y María Placeres Montelongo en 1804.

Entre esas primeras familias que se asientan y refundan La Tiñosa se encuentran los García, González, Triana, Avero, Rodríguez, Arrocha, Martín, Caraballo, y, como no, los Montelongo.

La Tiñosa y los Montelongo

Mi familia, constituye el mayor tesoro que tengo en estos momentos y el lugar natal, el espacio geográfico donde se han conjugado durante más de trescientos años ese milagro.

Mis quintos abuelos fueron Domingo Francisco Montelongo y Catalina María Peraza Medina y vivieron en La Tiñosa. En su tiempo comienza a destacar junto a las labores tradicionales (pesca y agricultura) la industria de la barrilla, donde una buena parte de la superficie del municipio de Tías se dedica a esta explotación. En 1769 adquiere especial importancia el puerto de La Tiñosa por ser el lugar desde donde se exporta este codiciado producto. Aún se conserva en la toponimia menor del lugar, una playa llamada “Pila de la Barrilla”, lugar donde se producía la quema de la barrilla para obtener el producto que se exportaba, la sosa. Desde el puerto de La Tiñosa partían barcos con destino a Londres donde destacadas firmar comerciales llevaban a cabo este negocio. Son tiempos de grandes riquezas, que poco a poco se esfumarán con el tiempo.

Mi cuarto abuelo, Juan Montelongo Peraza nació en La Tiñosa en 1778, y aquí morirá en 1839, tras formar una familia al lado de Ambrosia de los Santos Sicilia, natural de La Palma en 1791 y fallecida en esta localidad en 1857. les tocaron vivir el fin de la barrilla como actividad económica rentable, son momentos de penuria, de emigración, de hambre y de sed. La historia nos recuerda momentos tristes para todos los lanzaroteño, y La Tiñosa, gracias a esa simbiosis entre la agricultura y la pesca, sobrevive a duras penas contra los designios de los tiempos.

Mi tatarabuelo, José Antonio Montelongo Santos (1822-1897), se casa con Francisca Triana (1820-1888), otra tiñosera de pura cepa.

En esos tiempos, la pesca de rivera y el marisqueo acompañaban las faenas agrícolas, aún hoy la familia conserva un pequeño trozo de tierra que perteneció a mi tatarabuelo. “El municipio de Tías en 1847 contaba con 320 vecinos y 1.398 almas con los pagos de La Tiñosa, Mácher, Asomada, Vegas, Tegoyo, Conil y Masdache. El pago de La Tiñosa confina por el sur del municipio y tiene una playa que le sirve de Puerto, donde hay unos cuantos barquitos de pesca. Tiene 9 vecinos y 59 almas, produce lo mismo que el terreno de Tías (trigo, cebada, millo y algunas legumbres y cochinilla que se ha empezado a cultivar con buenos resultados)”. Madoz, en su diccionario geográfico-estadístico e histórico, le define como “rada en la isla de Lanzarote…situada al sur de la isla y a 2 leguas al oeste de Arrecife; la punta llamada Roque del Ámbar le defiende y abriga del mar del este. En ella sólo aportan los barcos de cabotaje a tomar algunos granos y los contrabandistas de tabaco”.

Mi bisabuelo, Manuel Montelongo García, casado con Dominga Martín Hernández (Natural de Tinajo), también trabajó en el mar, compaginando en épocas del año el esfuerzo en las tierras de secano de Mácher. De su momento es el despertar económico, tras el desarrollo agrícola experimentado, en las exportaciones de cebollas y garbanzos que dirigían hacia el Caribe principalmente, pero también hacia Francia, y Alemania. Vería como el aventurero Bannerman desembarcaba en estas playas en 1913, para iniciar su periplo por todo Lanzarote. Vio el comercio interinsular con el trasiego de los correillos. El que salía de La Tiñosa partía hacia Arrecife y posteriormente retornaba a este puerto tras tocar Arrieta y Arrecife, para salir a Puerto Cabras (la actual Puerto del Rosario en Fuerteventura) y desde ahí hacia Las Palmas de Gran Canaria con pasaje, mercancías.

Mi abuelo, Juan Manuel Montelongo Martín (1892-1968), casado con Herminia García Arrocha, ambos naturales de aquí, pudo, tras largos años de trabajo, conformar algunos barcos para dedicarse a la pesca, aún recuerdo cuando se traslado a vivir a Arrecife con toda su familia, y con su barquillo, “El Jameo”, anclado en el charco de san Ginés, se dedicaba a pescar. Por las tardes las liñas de la casa aparecían tendidas de pejes verdes jareados, porque le encantaba. Esto ya conformaba el nuevo paisaje de una familia marinera en una nueva ciudad que nacía, Arrecife. La casa nueva, y mis recuerdos. Él vio el desarrollo de la agricultura de las tomateras en Mácher y el auge del sector pesquero insular. Marchó de La Tiñosa al comienzo del boom turístico, tras abandonar su casita ubicada en los lomos de Cagafrecho, frente a frente con mar. También nos acercamos a los comienzos de la construcción de una ermita dedicada a la Virgen de Lourdes por el cura Manuel Sánchez en 1931.

Mi padre, Antonio Montelongo garcía, casado con Luz Marina Franquis Montelongo (natural de Mácher, siendo mi cuarto abuelo por parte de madre a la vez mi tatarabuelo por parte de padre. Esto demuestra la fuerte endogamia y parentesco que existía en La Tiñosa, y en el resto de los pueblos de Lanzarote, donde era normal la dispensa por consanguinidad en grados cercanos). Mi padre aprendió a trabajar desde los siete años, a la escuela sólo pudo asistir un día, las necesidades apremiaban y el trabajo en la mar era duro. Se dedicaba a pescar en pequeños barquillos de vela a las cercanas orillas de la bahía de Juan Ávila. Las fulas, seifios, bogas, y otros peces, conformaban el fruto recogido al mar tras una dura jornada). Su Tiñosa era de casas blancas, amarillas, azules, e incluso rojas, hasta que en 1957 cambio su nombre por el de Puerto del Carmen, luego vinieron el Hotel Los Fariones en 1965, el San Antonio en 1972 y, posteriormente, el crecimiento turístico de la zona quedando La Tiñosa como un barrio pesquero y antiguo, de un nuevo centro turístico internacional.

La Virgen del Carmen y los tiñoseros

A pesar de su fuerte carácter, el cura Manuel Sánchez Trejo, supo aunar la espiritualidad religiosa en esta pequeña aldea.

El 19 de agosto de 1920 existe una instancia solicitando la bendición de la virgen de Lourdes, tallada en madera, de vestir, de un metro y medio de altura. Siendo concedida tal dispensa eclesiástica. Hasta el 10 de junio de 1925 se deduce que en La Tiñosa no había templo, ya que en los escritos del Obispado sólo se afirma la posibilidad de celebrar la fiesta de San Juan Bautista en La Tiñosa en un salón dispuesto para la ocasión.

El 10 de octubre de 1930 el Obispado autoriza la bendición del oratorio público provincial, pues existía en ese momento un proyecto para levantar una iglesia en esta localidad en un salón construido por el cura Manuel Sánchez Trejo, que contaba con ese espacio, el acceso a la ermita en proyecto, un altar dedicado a la virgen de Lourdes y dos campanas regulares.

El 27 de marzo se llevó a cabo escritura pública de este terreno entre José Díaz Santana 8abogado, casado con Rosalía Rijo Rocha, quien la adquirió por herencia de José María Díaz Pérez) y Manuel Sánchez. El terreno ocupaba una superficie de 108 metros cuadrados, lindando al norte y oeste con resto de la finca matriz, al sur con Jerónimo Rodríguez (que pertenecía al cura) y al poniente con los herederos de Santiago Moreno (segregada por el camino que conducía de La Tiñosa a Mácher).

En notas recogidas del propio cura Manuel Sánchez, entresacamos lo siguiente: “El 8 de diciembre de 1931 celebré la Santa Misa por primera vez aquí en este pago de La Tiñosa”, fechada el 14 de agosto de 1931. es decir, la obra de este santo lugar fue costeado por el cura Manuel Sánchez Trejo, quién merece un reconocimiento de sus convecinos por el celo empeñado y su dedicación espiritual por las almas de estos lugareños. No en vano dona esta obra para el culto público de Dios y su santísima madre.

En 1941 se lleva a cabo la primera celebración de la festividad de la virgen del carmen en La tiñosa, con el establecimiento de esta imagen en su templo actual. La patrona de los marineros guiaba la ruta de los barcos y el regreso a casa en cada viaje en busca de la pesca.

En julio de 1954 aún no estaba terminada la ermita, en ella participaron todos los vecinos, algunos facilitaron camellos para el transporte de la cantería, otros el material necesario para la construcción, algunos dieron limosna para las campanas, desde entonces se ha celebrado el culto en la misma.

En 1970 las obras de la ermita de Puerto del Carmen costaron unas 20.000 pesetas del aquel entonces.

Al socaire del templo crece la necesidad de unirse y agruparse en colectividad que defienda los intereses de la localidad y sus vecinos. Así, en los años sesenta se crea una Asociación de Cabezas de familia, bajo el nombre de “Los marineros” y luego de “El pescador”.

Los tiñoseros siempre han sido recelosos de su suerte, buscando garantizar la prosperidad por medio de artilugios rocambolescos. El intentar ahuyentar el mal en todas sus formas, mal de ojo, padecimientos, utilizando medios y métodos cercanos a su mundo, como quemar el hígado y corazón de los pescados.

La fiesta

Otra forma de su expresión lo constituye su alegría de vivir, las fiestas, las parrandas, el sonar de los timples y los cantares, como manifestaciones sencillas y populares. Frente al duro trabajo en las tareas agrícolas o marineras. Porque en esta tierra, seca y desagradecida, había que ser de todo, marinero y agricultor, cuando la tierra necesitaba de la mano que la fertilizase.

Las fiestas de antes eran como las actuales acordes con los tiempos, pero con un mayor o menor fervor religioso según el momento. En 1977 el programa de fiestas recogía los siguientes eventos:

El día 13 de agosto, a las 2 de la tarde, comenzaron los campeonatos de bolas y dominó. A las siete y media una gran luchada, y a las nueve de la noche música popular con el grupo “Awañak”, Andrés Peñate, Orlando Suárez y el grupo “Alcántara”.

El día 14 de agosto, a las diez y media la misa, a las once y media juegos marítimos para niños, a las cinco de la tarde gran luchada. Y a las siete de la tarde procesión marítima con la imagen de la Virgen, terminando con una ofrenda floral por los marineros fallecidos, y por la noche una gran verbena.

El día 15 de agosto, a las 10 y media la misa, a las 11 juegos infantiles, entrega de trofeos a las 6 y media de la tarde, terminando con la procesión. terrestre.

La tierra y el mar

Otro elemento vital de los tiñoseros fue su espacio, donde las extensas playas de arenas doradas conformaban su mundo de juegos, ilusiones sobre viajes a otros lugares. Las playas y el regocijo de sentirse solos en la inmensidad de la tierra, en armonía y conjunción con el mar, las playas de La Tiñosa son mágicas, llenas de luz, de alegría.

El litoral de La Tiñosa aparece plagado de nombres místicos, El Poril, Cagafrecho, Puerto Escondido, El Varadero, Malpei, Los Pocillos, Matas Gordas, Guasimeta, Punta Lima…

Yo nací en estas orillas, viví en esa casa Roja que nos contempla como esos recuerdos con siglos de historia, y aquí seguiré como una apuesta eterna hecha a través de tanto tiempo por aquellos que un día prefirieron luchar por esta tierra, por este mar, por La Tiñosa, por el Lanzarote que se nos está yendo de las manos, antes que emigrar y abandonar la lucha. Allí donde miréis una lucha social, ahí estará un tiñosero, tratando de lograr a brazo parido tirar redes de honradez en un mar en tempestad.

A todos los que aún sientan en su corazón ese pequeño pedazo de su tierra, y respiren por su eternidad, felicidades. A los presentes, deseándoles que pasen unas agradables fiestas junto a los suyos, gracias.

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