Pregón de Puerto del Carmen 2010

Publicado: 7 julio, 2015 en Pregones de Puerto del Carmen

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de Ntra. Sra. del Carmen
Puerto del Carmen  2010
Por:  Carmen Dolores Steinert  Cruz

Señor Acalde, dignísimas Autoridades, respetables miembros de la Corporación Municipal, queridos vecinos y amigos de la Tiñosa, de Puerto del Carmen, Señoras y Señores, buenas noches.


Este Pregón comenzó hace algunas semanas, sonó mi móvil: “Ramón de la Tiñosa” rezaba bajo el número que sonaba insistentemente: “, ¿cómo andan por ahí Ramón?, le pregunté. Y el final del cuento ya lo saben. Gracias a la Comisión de Fiestas de la Tiñosa por llenarme de recuerdos estas semanas, por haberme regresado a mi infancia, por hacerme recorrer las imágenes de mi niñez y mi adolescencia. Y quise a través de mis ojos pasearme por el Pueblo de la Tiñosa volviendo a los años 70 y80.

Mis primeros recuerdos de la Tiñosa ya me los contaba mi abuelo Juan Cruz, que siempre nos decía que hasta San Juan, no te podías remojar, y a las Fiestas del Carmen tenias que esperar, para ver el verano llegar.

Eran los tiempos de la venta del pescado recién cogido por toda la línea costera del municipio, existiendo a lo largo del barranco de La Pila hasta Guacimeta, una rica variedad de los frutos del mar: sardinas, bogas, sarnas en verano, pedregal, gueldes, la fula, la vieja, a breca y la chopa de abril a junio; los jureles en mayo, el pulpo en septiembre y el sargo, todo el año.

El regreso de los marineros a tierra era todo un acontecimiento, poco a poco, llegando del tiempo de pesca, y para Santiago estaban en tierra, siendo ésta la razón por la que las fiestas en honor a la Virgen se hicieron esperar en la Tiñosa por el regreso a buen puerto de los marineros a finales de julio.

Los tiempos del trueque del pescado de la Tiñosa, a veces se pagaba en metálico y otras veces se cambiaba por productos del campo, primero a pie, luego en burro, hasta que llego el coche y la pita, que irían suplantando el sacrificado oficio de la venta ambulante de la pesca hacia el interior de la isla. Era por las fiestas del Carmen cuando se bajaba a la marea a lavar las barricas para el vino y la lana de las ovejas, darte un buen baño y prepararte para ir a la Procesión de la Virgen. Recordaba mi abuelo como un año, creo que a finales de los 50, habían llegado las primas de mi madre desde la Península, las de Valencia, desesperaditas para la fiesta. Ya en la procesión por tierra alguien tiró un volador y fue a parar al vestido nuevo de la prima Merche, que vio como se le quemaba la ropa recién estrenada y toda la familia se quedaba sin fiesta…a esperar a que Nemesio les llevara de vuelta al Puerto en el camión.

Julio de 1.975, en la Calle Alegranza, la que les habla tenia un mes de nacida, junto a la Pila de la Barrilla, ya escuche los primeros voladores del pueblo, “La Tiñosa estaba en fiestas”, era la Virgen del Carmen en la Procesión. Y así, verano tras verano, los escuche, ya algunas veces desde el Restaurante de mis padres, “El Burro” y luego años mas tarde, desde “El Gaucho”, en la Calle Reina Soba.

Mi padre, Otto, me contaba que las fiestas del Carmen se hacían con el dinero del Pueblo, y ya se encargaba Yolanda, hija de Domingo “el taxista “. “El Chispa ” y los Pérez “, los hijos de Caridad la que me ponía las inyecciones de pequeña) , de tocar puerta a puerta para que la gente diera un “donativo” pa’ la fiesta , apuntándolo eso sí, en una libreta. A mi padre le tocaba también contribuir. Le decían: “Oye, que Benito Hernández, el del 3 Copas” puso 1.000 pesetas, que Marcelo el del Supermercado dio tanto…
Por cierto, cierto, que Marcelo Machín era uno de los que por aquel entonces fiaba hasta el gas, junto con las tienditas que estaban en el Pueblo, donde todos se conocían, como Chano el de la Pescadería, Antonio Rodríguez, su hermano Félix, Agustín “el chicharrero”… que le traían el pescado al Restaurante de mi padre y luego como, había confianza, mandaban a cobrar. Eso sí, al llegar la fiesta no nos vendían pescado, era todo para los ventorrillos.

Los ventorrilleros eran los que pagaban las Orquestas que amenizaban los bailes, era el entretenimiento de las fiestas además del cine que ponían Antonio “el canario” y su hijo Paquito, más tarde para mí y todavía hoy, “Don Paco”, el Director de mi Colegio Alcalde “Rafael Cedrés”.

Así que mi primera fiesta me la gocé ya con solo un mes de nacida, donde Ángela (la madre de Marcialito), me daba los primeros biberones y me remojaba en el Poril, y donde me comí mi primer tollo seco, ese que me ha dejado una pequeña cicatriz en un lado de la boca. A Celestino, Celso Rodríguez, que siempre cuidó de mí, de chica y de grande, al que mi padre Otto adoraba como un hijo. A Jacinto, el hijo de Carmen; a Perico, el hijo de Margarita; a Tino, el hijo de Agustín “el chicharrero”; a César “el canario”; a Juan, el hijo de Maestro Mena; a Cristina; a Santy del Restaurante el Golfo, que me regaló mi primer vestido de sevillana; a Alfonso el del Bodegón de Cristóbal…… a todos ellos, mis recuerdos de infancia.

Eran los años 70 y ya comenzaba a dibujarse otro pueblo. De un pueblo costero a uno hotelero, de un pueblo de “peje verde” y atunes a los principios de la industria de la hostelería y el turismo, de las primeras llegadas de los “guiris”. Intentando no perder por el camino nuestra identidad, nuestra idiosincrasia, nuestra identidad canaria, nuestro folclore, nuestras tradiciones… grupos de parranderos “tocándole” una isa a una guiri, más blanca que la cal de las casas, o un guiri echándose un trago de vino recién salido de la cosecha del año y notando un poquito más el calor del verano.

Viví en la Calle Alegranza, entre la Playa Chica y el Poril , luego en los Mojones, más tarde en la Calle Princesa Guayarmina, en la Calle Anzuelo , y luego vuelta a la Playa Chica , a la Calle Montaña Clara ya siendo una adolescente . Mi primera playa fue “Playa Chica ” y luego “Playa Grande”. Ahí echábamos horas y horas en el mes de julio, alegando, remojándonos en el mar, requemándonos todas, hasta que mi abuela Demetria me miraba asustada: “Carmen Dolores, que fea estás, renegrida… pareces una Tiñosera”. Yo para hacerla rabiar siempre le contestaba lo mismo: ¡De la Tiñosa soy!

Recuerdos de verbena, de bailes, del olor a la sardina en los asaderos, del sabor de la manzana caramelizada, del algodón de azúcar que se te quedaba pegado a los bigotes, de pedir perras para las fichas de los cochitos chocones, de buscar con quién subirte, de estar atenta a que los chicos del pueblo anduvieran por allí, de lazos de colores de raso en las coletas, de unas bailarinas que tenia de color verde fosforito…. Hasta que ya empezaron los primeros tacones, desde los 15 he tenido esa perdición, las primeras ropas para las fiestas, los primeros bailes…. Yo aún bailo la cumbia marcando el paso de un chico, nunca tuve novio para bailar en las verbenas, así que siempre me tocaba bailar con las chicas. Además Celso me los espantaba diciéndoles: ¡Hueles a colonia de nenuco!

Los Walkinairos de fondo, con su: “Lluvia, lluvia tus besos fríos como la lluvia, que poco a poco fueron calando”, y la de “Marejada, marejada….. son tus besos en mi almohada”.

Luego llego la época de poder trabajar, algunas asignaturas de derecho las pagué gracias al trabajo que me dio Celso en el ventorrillo algún verano que otro. Las chicas, mis amigas, venían todas guapitas con sus novios de aquel entonces, algunas hoy su marido, a picar algo de pulpo y papi tas con mojo antes de ver los fuegos del domingo, el día grande.

¡¡¡QUÉ MARAVILLOSOS VERANOS!!!

Agradezco a mi Virgencita del Carmen que su luz, su claridad, me haya acompañado siempre. Que nos acompañe a todos en estas fiestas que hoy dan comienzo, y que sean escuchadas nuestras plegarias para aquellas familias que están pasando por una difícil situación en toda Canarias.

Voy acabando este pregón no sin antes pedirles permiso, para dedicarlo, no solo al Pueblo de la Tiñosa, sino también a dos personas que recientemente nos han dejado. Mi homenaje humilde a José Saramago: “siempre nos quedara la vida en tus letras” y a mi abuela, Demetria, con unas palabras de Silvio Rodríguez:

“Vivo en un país libre
cual solamente puede ser libre
en esta tierra, en este instante
y soy feliz porque soy gigante.
Soy feliz,
soy una mujer feliz,
y quiero que me perdonen
por este día
os muertos de mi felicidad”

Brindemos hoy con un vino de nuestra malvasía volcánica, agarremos un cacho de biscocho, con un pisco de queso, y a ser posible acompañados de un buen sancocho, dando paso a los Actos de celebración de las Fiestas en honor a la Virgen del Carmen, a la que estamos todos y todas invitados a compartir.

Alcemos nuestras copas para que la riqueza de este pueblo costero vuelva a brillar con luz propia, para que el futuro de nuestros jóvenes salga a flote, para que nos ilusionemos con el porvenir del Pueblo de la Tiñosa.

Un pueblo rodeado por el volcán, bañado por el mar, acuñado por nuestro sol, un pueblo de ricas culturas, costumbres marineras, un crisol de nacionalidades, sin perder el olor a salitre, ni el sabor de una buena boga recién pescada de nuestro mar.

Les invito a alzar la voz y anunciar conmigo:

¡VIVAN LAS FIESTAS DEL CARMEN!
¡VIVA!
¡VIVA LA VIRGEN DE LOS MARINEROS!
¡VIVA!
¡VIVA LATIÑOSA!
¡VIVA!
¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!
¡VIVA!

A mi abuela Demetria Díaz Bermúdez

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