Historia del Carnaval en Tías (2)

Publicado: 8 septiembre, 2015 en Hª Carnaval

BREVE HISTORIAL DEL CARNAVAL EN TIAS

Por Julián Rodríguez

Respondiendo a la fisonomía del pueblo, a sus casas relingadas en torno a grandes extensiones de terreno, el Carnaval de Tías, siempre fue una fiesta dispersa y localizada en algún caserón. Las máscaras se reunían en las viviendas de los potentados, para hacer sus fechorías.

Apenas unos cuantos harapos, un poco de carbón, hollín de los teniques, o tizna del caldero del sancocho, servían de atuendos y maquillaje para las máscaras. Aunque más que un carnaval de máscaras ha sido de “baratas”, ya que la pobreza era tal que no se podía hacer otra cosa, aunque dicha pobreza nunca coartó el buen humor, los golpes y los chascos.
Precisamente esa pobreza es la que hace que el carnaval sea más un trabajo artístico y teatral, de saltos y movimientos, que de vistosidad de un disfraz. Toda la fuerza estaba más en el arte corporal, mas en el cuerpo que en los harapos con que se adornaban.
Nunca hubo lujuria ni derroche, solo ingenio y creatividad llenas de anécdotas que le iban dando colorido y fantasía, un sabor a tunera, olor a polilla y a humedad de cofres viejos donde también se guardaba el gofio de diario.
Nunca fue un tiempo de olvidar, o de pasar de todo y embadurnarse en el alcohol. No ha sido un tiempo de pasarlo bien, ni de pasarlo mal, sino de incordiar, denunciar, decir lo que se sentía, expresar lo que en otro momento no podías vivir con mas o menos libertad. Ha sido el momento de expresar todas las pasiones, y temores. El momento de experimentar y experienciar distintas vivencias en espacios iguales.
Ha destacado en este carnaval la máscara a cara descubierta. El personaje siempre estuvo claramente identificado con el actor, aunque nunca faltó la picaresca de jugar a acertar y a no ser descubierto. ¿Me conoces mascarita? Eso sí, el respeto era tajante. Ninguna máscara podía ser descubierta, si ésta no quería, mas que todo el mundo supiera que se trataba de “cho” Ginés el cojo.
A pesar de las prohibiciones a que estuvo sometido, tanto por parte del Estado como por parte de la Iglesia, el carnaval fue y sigue siendo una Fiesta permisiva, amoral, pecadora, agresiva, y amorosa al mismo tiempo.
Nosotros, los chinijos, huíamos como cintas cuando escuchábamos por los caminos el ” gui, gui,gui” de las máscaras. Nos inflaban a palos, porque tampoco los chinijos éramos angelitos, y cuando estaba alguno despistado, le tirábamos por el calcetín que tenían de careta, dejándolo en evidencia delante de todo el mundo, o simplemente para saber quien era. Y patas para qué las quiero…?

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