De camellero del mesón a trabajador de obras en el Puerto de la Luz

Publicado: 1 julio, 2021 en José Umpiérrez Viña, Poesía

Fuente: Amor y Confraternidad
Juan Cruz Sepúlved
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«Nací en el Mesón de Mácher (Lanzarote) el día 28 de enero de 1911 (…) los niños más pobres de esta singular y ostentosa tierra lanzaroteña teníamos la ingrata misión que cumplir con el pastoreo de las cabras que nunca faltaron en los hogares».

Desde pequeño se sintió atraído por la poesía romántica, aunque, pasados los setenta años de edad, se atrevió a escribir y publicar sus romances y poesías. Su padre, José Umpiérrez Hernández, casado con Enriqueta Viña Lemes, había emigrado dos veces a Cuba. Este avisa que: «su regreso se produciría el 27 de junio de 1921 al pueblo de Mácher en unión de un hermano de mi madre que también había pasado cuatro años en Camagüey cortando caña y desbroce…». A su llegada, empezó a trabajar de albañil y le compra a Rafael Cabrera Padrón (comerciante importador y exportador) un camello y un burro para transporte en faenas agrícolas, convirtiendo a Pepe en «un joven camellero del barrio del Mesón»; su padre vuelve a emigrar en 1923, esta vez a Tenerife, para trabajar en la construcción de la presa de Güímar, retornando definitivamente a Lanzarote para «trabajar en las carreteras del sur y ramales, obras puestas en marcha en el año 1924»; también, participa en obras de albañilería en el pueblo de la Tiñosa. «Pero este joven camellero… pobre de mí cumplí los catorce años sin haber conquistado otros objetivos que leer y escribir con ciertas dificultades».

Con 17 años, en 1928 emigra a Las Palmas, embarca en el correo Viera y Clavijo. En el muelle le esperaba Julián Toledo (antiguo carretero de Arrecife que pasaba por Mácher con sacos de sal o de cebollas para Arrecife). Julián les proporcionó una destartalada habitación en el barrio de La Isleta. Su hermano Leandro trabajaba en el alcantarillado del Puerto de La Luz y le recomendó pedir trabajo en la oficina rematadora de la obra, obteniendo su primer empleo abriendo zanjas y pozos por las calles del Puerto de La Luz. José, buen mozo, pletórico de juventud y de galanteo, explotó al máximo sus virtudes de galán y las cautivó desde La Isleta hasta la calle Canalejas; algunas extravagancias le llevaron a verse involucrado en trifulcas resueltas de forma elegante… Trabajó duro con poco sueldo, solo los domingos se permitía comprar el periódico, algún libro de los escritores de la época, una cajetilla de Carnet. También le dio tiempo de conquistar amoríos (a alguna tendera de La Naval), paseos por la playa de Las Canteras y despedidas multitudinarias en el Puerto con flores y besos cuando toma la dura decisión de irse a la isla de Tenerife.

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