La refinería y sus correrías por Santa Cruz

Publicado: 1 julio, 2021 en José Umpiérrez Viña, Poesía

Fuente: Amor y Confraternidad
Juan Cruz Sepúlved
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En febrero de 1930, emigra a Santa Cruz de Tenerife. Por esa fecha, cerca de mil trabajadores procedentes de Fuerteventura y Lanzarote buscan empleo en aquella isla. «Del barco a la calle San Martín, a la tienda de Cayetano y doña Emilia da Guapa), pareja procedente de Las Breñas»; estos, además de la tienda como punto neurálgico de avituallamiento y encuentro de conejeros y majoreros, poseían otras viviendas con cuartos de alquiler en Los Lavaderos, lugar de primera residencia en Tenerife, y de allí al primer trabajo de peón en las obras de reforma del Manicomio; a los pocos días, se encuentra con un pariente en una cafetería y le informa «En la construcción de la Refinería, todos los lunes admiten personal, tú eres joven, alto y serio, buenas referencias para que te admitan en el trabajo…». «Cuando entré en la Refinería a comienzos del año 1930, las obras estaban en la primera fase: edificios en construcción, tanques y muros…».

Inicia su vida en Tenerife con una mejora de sueldo de unas 77,80 pesetas por la quincena de trabajo, envía cartas a sus padres con regularidad y también con sus buenas amigas del Puerto de La Luz, los domingos, con otros compañeros de trabajo de Lanza-rote, realizan excursiones en bicicleta a Tacoronte e incluso hasta el Puerto de La Cruz, con «sancochos, vinitos…». Por la noche, oportunidad de poner a prueba su buen porte y galanteo por Miraflores.

«El sábado por la tarde me vestí con el traje de lana azul que mi madre me compró y confeccionó para estrenarlo en las fiestas de San Pedro del año que embarqué para Gran Canaria…, me encasqueté un sombrero color canelo de ala gacha, que compré en Las Palmas, al estilo Carlos Gardel, zapatos negros, reloj y pulsera bañados en oro… Bar Triana, Bar la Italiana» juego de dominó, juego del monte, colaboracionista con la policía municipal en ayudar a restablecer orden en algún local… Animado por otros colegas, entre ellos, Camurrita en Lomo Blanco, le dio por practicar Lucha Canaria: «una tarde me vestí con traje de lucha, salí al terrero, me salió un contrincante al que consideraba flamenco, fui a levantarlo… con un desvío y un toque por dentro salí como un cohete abriendo un surco en el jable (…) como para plantar garbanzos…». En vísperas del día Pascua de 1930 lo despiden de la Refinería y se va a la Pedrera de Valle Seco de la compañía Metropolitana. El 14 de abril del 1931 la declaración de la primera República le pilla sacando piedra para el Muelle Sur y viviendo en El Bufadero; se afilia al sindicato y recuerda su hoja de servicio de un año de trabajo en el alcantarillado del Puerto La Luz, otro año en la Refinería, otro en La Pedrera. «Al salir de la Sindical me encontré con la sirvienta de la casa de don Santiago Sanabria, alcalde de Santa Cruz a la que galanteaba». En Tenerife, obtiene el carnet de conducir y es llamado a filas en 1932 y su quinta la destinan al Grupo Mixto de Ingenieros Zapadores y Telégrafos número cuatro del Puerto de la Luz». «A las 10 de la noche del 31 de junio de 1933 salimos en el correo Viera y Clavijo rumbo al Puerto de La Luz», dos meses de instrucción, cuartel de San Francisco, campo de Tiro de La Isleta. «El cabo» Umpiérrez cumple con la Patria y retoma amoríos dejados en el Puerto hasta su fecha de «licenciatura» y retorno a la isla de Tenerife en la que encuentra trabajo nuevamente en la Pedrera en el tumo de noche.

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