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Tradiciones

Publicado: 2 octubre, 2015 en Tradiciones1
A los muertos se les velaba un día completo
Los bautismos resultaban más divertidos
Los bailes.
Dos formas de declararse
Muerte de cochino
Los Juegos

Los juegos

Publicado: 2 octubre, 2015 en Tradiciones1

Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez

El del Anillo desarrollaba el instinto de las jovencitas para abrir el puño del joven que lo apretaba. O si no, el Juego del Pañuelo -tres puntas anudadas y una suelta-. ¿Quién acertaba?…

El Juego de la Santa: A cada joven se le asignaba el nombre de un ingrediente del mojo o del potaje canarios -los más ancianos asignaban en secreto los nombres y servían de árbitros. Si alguien decía que le faltaba «calabaza», el aludido respondía que le faltaba otro ingrediente, sin fallar; de lo contrario recibiría un castigo gracioso.

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Muerte de cochino

Publicado: 2 octubre, 2015 en Tradiciones1

Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez

El cochino se sacrificaba al aire libre -generalmente se mataba de un golpe en la cabeza o en la jeta con la parte posterior del hacha o de la azada, para aprovecharlo completo: Esta acción de matar se denominaba «mochazo». Se obtenían, así, dos suculentos platos: Primero, una sopa con los desperdicios nobles; una segunda fuente de carne asada con papas arrugadas. Y aún quedaban, para los postres, las sabrosas morcillas, para las que ni siquiera se desperdiciaba gota de sangre ni del intestino Y todo, con buen vino de la tierra.

Dos formas de declararse

Publicado: 2 octubre, 2015 en Tradiciones1

Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez

En la sala de baile, o en la casa de la amada. En la sala, el chico dejaba caer su sombrero; si ella se lo recogía y se lo devolvía, asentía en el noviazgo. En la casa, el joven le arrojaba el sombrero por la ventana, exclamando: «¡Gorra pa dentro!», o «¡Turre pa dentro!», entendiendo -dicen- por «turre» una voz propia del pastoreo o de la conducción del ganado; si ella se lo devolvía, exclamando: «¡Gorra pa fuera!», o en su lugar le lanzaba su pañuelito, al día siguiente, como en el caso anterior, los respectivos padres discutían las condiciones del noviazgo y de la boda, discusiones que, entre vinos y roscos, a veces se prolongaban varios días.

Los bailes

Publicado: 2 octubre, 2015 en Tradiciones1

Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez

Se celebraban en la sala de casas particulares, hoy tú, mañana yo. Como generalmente no cabían muchas personas, sólo entraban y se acomodaban las mujeres, mientras los hombres, que esperaban fuera, lo iban haciendo por turnos; y se valían del pañuelo, o en su defecto de un calcetín, enredado en la mano, para no manchar los trajes de las mujeres. En este sentido también ellas solían contribuir, cediéndoles gentilmente sus pañuelitos. Si alguno de los varones del exterior quería piropear, desdeñar, o confesar su amor a cualquier chica, solicitaba el permiso del «gobernador» -se denominaban «Bailes de Gobernadores»-del baile para cantar. Penetraba en la sala y, en cuclillas, dirigía su «decir» al son de las guitarras, timples y bandurrias. La aludida replicaba, en unos «decires» cuyas reliquias aún perduran en los más ancianos de muchos rincones isleños.

Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez

Como si todos los juegos, la alegría juvenil se centrara entre bollos, roscos, juegos y bailes, tan ardientes que, según dicen, atraían hasta a los piratas berberiscos; bailes canarios algo más lentos, y de saltos más largos y rituales que en el resto de las islas.

Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez

Un deudo propagaba la noticia del fallecimiento de golpe a golpe de bastón, puerta tras puerta. El familiar más próximo al extinto guardaba cama, donde recibía las condo­lencias; el resto se turnaba de pie, sobre unas esteras; Los varones con las solapas de las chaquetas alzadas y los sombreros alicaídos sobre las frentes. Los más jóvenes repartían periódicamente vino, roscos, dulces, queso tierno. Silencio absoluto para recibir el «pésame», y luego a susurrar, a contarse el «Vánitas Vanitatis», o a recordar la guerra de Cuba, las sequías, el próximo semillero, con un pausado lamentar que hoy duerme en los cráteres de los volcanes.