Desde mediados del siglo pasado la agricultura ha tomado valor y relevancia y se hacen necesarias la guarda y custodia de las fincas para evitar robos en hortalizas y frutas de la época, fundamentalmente en frutales y vides de la zona de la Geria, Gaida, Peñas Blancas, así como evitar que el ganado se introduzca en lo sembrado.
El Ayuntamiento nombra a guardas jurados para reforzar la vigilancia en el campo. Los guardas portan un correaje con una chapa, una lata y un saco o zurrón para recorrer y evitar con su presencia que no se cometiesen hurtos. En la época de uvas, peras, higos de higuera, higos indios o higos de tunera se intensifica el servicio, ampliando también el cuidado a los paseros. Los árboles se barren con un baleo y el guarda deja constancia de su paso con una señal de la cruz en la arena y un mojón. Los campesinos contribuyen con pago en especie al guarda por su labor. Vicente H. y Julio de Ganzo son los últimos guardas. El vecino Lorenzo Melián Grimón, residente en Huertas Viejas, vigilaba, también la zona de Masdache, La Vega de Tías, La Geria y la zona de la Costa a su marcha entraría el vecino del Hoyo del Agua, Martín Fajardo
Valiente en los años cincuenta. Coger hierba para las cabras en una tierra ajena estaba penalizado y llevaba sanción. Robar un melón o una sandía acarreaba una multa de cinco pesetas y había que reintegrársela








