La artesanía del olvido

Publicado: 22 junio, 2024 en Libro artesanía

 Los artesanos son el eslabón de la transmisión de una cultura comunitaria de miles de años. Pero lo importante además es la capacidad de adaptación a cada necesidad que vaya surgiendo a la sociedad en la que le ha tocado vivir, es el talento de descubrir a base de experimentación, acierto-error, las cualidades de las plantas que tiene a su alrededor y a sacar lo mejor de cada una de ellas.

El artesano ha descubierto que es parte de la naturaleza y, está en perfecta armonía con la misma, coge lo que la naturaleza le ofrece y a veces, consciente o no, colabora con el mantenimiento de las plantas, porque la planta también necesita limpieza y expansión de sus semillas para su supervivencia. Ser consciente del binomio de la planta y el artesano, es una experiencia muy gratificante y mucho más ahora con el compro miso en la colaboración por el cambio climático y a conservación de la biodiversidad. Pero su conocimiento siempre ha sido a través de la transmisión oral y vivencias con sus antecesores y con las plantas. Su trabajo es plantar y ver las posibilidades de las plantas que tiene a su alrededor, estudiar cuándo cortar o cuándo le ayuda a la planta quitándole la maleza o esparciendo sus semillas. El artesano que no está en contacto directo con la planta pierde el hilo conductor que le lleva a ser parte activa de la misma, sintonizar y comunicarse con ella. Su trabajo es indagar para crear utensilios que le sirvan para su hogar o para su labor o en el trabajo de sus paisanos. El artesano aprendió a conocer sus plantas, pero aún no ha aprendido a escribir sus vivencias y transmitirlas como un valor más de la cultura de nuestra sociedad.

Los artesanos no tienen accesos a las convenciones internacionales de artesanía, ni escriben, ni leen las ponencias de sus convenciones. Los nombres de mu­ chas técnicas artesanales vienen  denominados  por el mundo académico, por la necesidad de explicar lo que descubren, y son tan variadas las denominaciones como arqueólogos hay en el planeta. No hay una participación del mundo de la artesanía, que hacen y crean sus técnicas sin necesidad de explicarlas. A lo máximo que llegan a citar el material con que trabajan, de ahí que muchas artesanías se conozcan por el material con que se hacen. Cuando se hace necesario documentar los valores culturales que encierra la artesanía, surgen todas las dudas sobre las denominaciones y las definiciones de cada detalle.

El mundo académico, no ha tenido el contacto y la vivencia directa con los artesanos y si la han tenido no se han embarrado en sus vivencias. Estudian piezas he­ chas hace más de 10 .000 años e ignoran por completo las piezas que elabora el artesano del barrio, en la que pone al pan cada mañana. Si la ve, no le da importancia. La brecha es tremenda y da la impresión, que las piezas actuales deben esperar el sueño de los justos para que los investigadores se fijen en ellas y las estudien. ¿A caso no es mejor hacerlo ahora que dentro de 2.000 años?

A veces, la Real Academia de la Lengua, que no son los que crean las palabras y sus significados, no han tenido la empatía suficiente para plasmar en palabras el lenguaje que se va creando en los oficios, y que al estar muy lejos del mundo donde nace el lenguaje, evidentemente no aciertan. Luego cuando se recurre a las palabras, éstas no responden a lo que se quiere expresar, y hay que valorar y buscar analogías o en los etcéteras. Las palabras llegan a la Real Academia de la Lengua, que es un registro como cualquier otro, ya industrializadas, más que hayan nacido, crecido y reproducido en la artesanía. Luego el lenguaje se registra desvirtuado y muy lejos de donde nació. El registro llega muy tarde o casi cuando el lenguaje ha desaparecido. La Real Academia debería hacer el esfuerzo para irse adaptando y recogiendo las palabras en su contexto histórico y real e incluso renunciar a tanto academicismo.

Sabemos que la tejeduría nace en la cestería, pero la palabra tejer se registra a partir de la industria, no efectivamente donde nace la cultura del tejido. Está claro que la artesanía no tiene el empaque que tiene la industria  textil.

Tejer no solo es formar en un telar una tela con la trama y la urdimbre. Esto ha hecho que, en las investigaciones, a parte del idioma, en nuestro propio idioma no encontremos en las palabras de la Real Academia de la Lengua, los conceptos necesarios para expresar y entender lo que se pretende comunicar. ¿En qué telar se ejecuta el tejido empresarial, o el tejido social?

El concepto de urdimbre y trama, mientras se observe en el telar, no hay duda, pero cuando la pieza está en uso, es prácticamente imposible decir lo que es trama y lo que es urdimbre, a no ser que sea un avezado en la cuestión. Sabemos que el tejido son las dos cosas. Es más, tanto la urdimbre como la trama, por si solas no tienen sentido, si no es en el ejercicio de fundirse en una obra. Aunque la trama aparece como la parte oscura de la sociedad siempre se mueve por los carriles que dirige la urdimbre, y es la urdimbre quien asegura los movimientos de la trama. Esta simplemente se desliza entrecruzándose por la urdimbre. La RAE no aporta gran cosa que de luz a los conceptos. Para muchos artesanos de cestería el concepto de tejer es el hecho en sí de introducir la trama entre la urdimbre.

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