Los almacenes de empaquetado

Publicado: 6 mayo, 2015 en Agricultura
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Fuente: El postigo de Tías
Por Juan Cruz Sepúlveda

Los almacenes de empaquetadoempaquetado

Por las tardes, todos los vehículos que circulaban por la red de caminos de la Costa terminaban en los almacenes de empaquetado de tomates. Los camiones recogían las cajas de 25 kilos brutos al pie de finca y las transportaban a los empaquetados. En Mácher se llegaron a contabilizar hasta 18. Estos pequeños almacenes constituían en cada zafra el eje neurálgico del pueblo. Fuera de los mismos se apilaban los ceretos de madera para exportar. Era la señal del almacén. Cuando el camión llegaba se iba directamente al pesado de la partida, rara vez en presencia del cosechero. Del pesado se iba a las apartadoras clasificadoras, donde el tomate era seleccionado e introducido en las diferentes categorías: G,M,MM,MMM,P.

En este punto le correspondía a la empaquetadora introducir uno a uno cada tomate, envuelto en un papel sobre una ligera capa de viruta y papel, en el cereto de 12 kg. de peso neto, y luego se tapaba meticulosamente. Se etiquetaba con la marca de las iniciales del exportador y el añadido de: “Canary Island tomatoes”, y se apilaba listo para ser transportado al muelle.

Loetiquetas almacenes de empaquetado en la zafra tenían ese olor característico a madera mojada de los ceretos, las tintes del papel y de las marcas. El ambiente en su interior era animmujerado y no faltaban los cánticos de las mujeres, el alma del empaquetado, isas, folías, rancheras…así como la compañía desta- cada de la radio, que silenciaba a las presentes en la hora de la novela. Así se mitigaba la dureza y las penas de este trabajo. A finales de los cincuenta se cobraba entre 6 y 8 pesetas la jornada. A veces, cuando las exigencias del embarque lo demandaban, se tenía que trabajar por la noche a la luz de velas, faroles de petróleo y, más tarde, con lámparas de gas.

El transporte era otro problema, ya que no había línea de barco directa con los puertos receptores como Barcelona y Sevilla, e incluso algunos pocos a Londres. Por ese motivo, el tomate se recogía verde para aguantar los 15 días que se tardaba en llegar al mercado en óptimas condiciones de consumo. Es a partir de 1958 cuando se consigue tener el barco consignado directo a Barcelona. Desde el almacén, el día convenido por el consignatario que llegaba el barco, cada exportador trasladaba en camiones (cargados con 500 cestos aproximadamente) hasta el muelle de Los Mármoles, en el que las colas parecían interminables y la estiba se efectuaba de una forma lenta. Con la salida de cada remesa, los exportadores se solían reunir en una céntrica cafetería de Arrecife y se hablcebollasaba de las expectativas del envío y del precio de compra de la siguiente. El tomate alcanza el precio de compra de una peseta/kg a finales de los cincuenta.

La llegada de la firma Hijos de Diego Betancort revolucionaría la compra del tomate en 1957, año de poca lluvia y, en consecuencia, de pobres cosechas. Se paga por primera vez la cifra de una peseta/kg. la compra al cosechero. Al final de esa misma zafra se hicieron vales por 7 pesetas/ kg. El cosechero y exportador Lorenzo Viñas se distinguió como el que más cantidad de tomates exportaba. Llegó a tener hasta 60 personas empaquetadoras en su almacén de Mácher. Otro almacén muy peculiar pertenecía a los hermanos Borges, por estar enclavado en plena zona de cultivo en la Costa, en el Camino de Hoya Limpia, así como el de la familia Padrón, en El Varadero de La Tiñosa.

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