Pregón de Tías 1996

Publicado: 6 julio, 2015 en Pregones de Tías

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de Ntra. Sra. de La Candelaria
Tías 1996
Por: Jesús Vega Mesa

Todos los años, cuando llega La Candelaria, el pueblo de Tías enciende la vela, la candela, que anuncia sus fiestas. Este año, Tías tiene que lucir doscientas velas, doscientas candelas que anuncian que han pasado ya 200 años de la creación de la parroquia. No queda nadie ya para contarnos cómo fue aquello.

Pero sí. Hay cronistas y hay libros parroquiales que nos dan cuenta de algunos acontecimientos en aquellos años de 1796 (…).

Ya cualquiera de los que viven o nacieron en Tías a los que queremos a Tías nos llena de emoción revivir acontecimientos tan sencillos que, sin embargo, hicieron y son historia. Pero no una historia que se ancló en aquellos años sino la historia que luego cada uno fue haciendo.

Hace veinte años, una tarde del año 1976, un grupo de niños me llevó a conocer el pueblo. Los niños me hicieron subir la montaña, pararme en sus cuevas, descubrir las papas crías y mirar el horizonte azul sobre el mar de La Tiñosa.

Me llevaron arriba, a la montaña, para que descubriera el pueblo, para que tuviera una panorámica de la que empezaba a ser mi parroquia. Hoy he vuelto otra vez a subir la montaña. Dejé atrás la ermita, ahora más hermosa, más cuidada, también más querida y llegué hasta arriba. La realidad y la imaginación se mezclaron al volver los ojos hacia el mar o hacia las otras montañas. El presente y el pasado de hace 200 años o de hace veinte se confundían en mis retinas. Y así la vieja casa del cura, junto a la tienda de Perico Valiente. Sus enormes paredes, las inmensas habitaciones y su apariencia de castillo en ruinas, nos llenaba de impresión. Hace veinte años entré allí con los jóvenes del Junior, que tanto hicieron por el pueblo. Con asombro y, como quien intentara adentrarse en el túnel del tiempo, empezamos a visitar cada una de aquellas oscuras y deprimidas habitaciones que nos hablaban de un pasado lejano. En el suelo descubrimos restos de viejos libros o deteriorados papeles. Como quien tocara algo sagrado, leíamos con respeto cualquier papel y dejábamos trabajar la imaginación que volaba a los inicios de aquella parroquia que yo estaba descubriendo. Tías también, el pueblo todo, se iba desempolvando ante mí. Los niños tenían entonces un hermoso interés por recuperar tradiciones, historia, juegos, expresiones, comidas, de la gente antigua. Valió mucho la perseverancia de aquellos jóvenes y niños que integraban el movimiento Junior: Julián, Dulce, Marcos, Mary Pino, Paco, Benardita….gracias a ellos se ha recuperado parte de la historia de este pueblo que algún día debiera quedar plasmado en un libro.

Seguí contemplando desde lo alto la casa del cura, aquella que habitaron sacerdotes tan recordados como D. Manuel, D. Teodoro, D. Blas o D. José Quintero. Imaginaba la soledad y el silencio de Tías cuando llegaba la noche. En aquel silencio, aquellas ventanas aparecían encendidas porque dentro, o la tenue luz tal vez de una vela, preparaban su sermón o rellenaban los libros de archivo aquellos hombres que vinieron a Tías a colaborar con esta tierra, que son los verdaderos protagonistas. Pero también es cierto que por aquí han pasado hombres y mujeres que pusieron sus cualidades al servicio de la tierra. Y Tías no olvida a quien hace algo bueno por el pueblo.

Seguía yo contemplando el paisaje. Un niño señaló,

-Mira, aquello es La Tiñosa. Lo que ahora llaman Puerto del Carmen. Allí están las playas más bonitas de Lanzarote.

Y escuché viejas historias de tiempos de sequía cuando había que transportar agua de otras islas. Y más tarde, cuando pude conocer a aquellos hombres de la mar, allí por Cafrecho, supe de lo duro que fue vivir en aquella zona, cuando no había turismo, ni agua, ni demasiadas esperanzas. Hoy he vuelto a mirar hacía el horizonte y descubro un pueblo que ha progresado en cultura y en economía, que ha sabido sacarle rendimiento a sus playas y a su clima y a la bondad de su gente

Desde las montañas, mis ojos volvieron otra vez a Tías. Aquella maltrecha carretera que atravesaba el pueblo es hoy una hermosa Avenida. La Sociedad, refugio de tantos jóvenes que, con el dulce comprado en frente, en la dulcería de Pedro, llenaban las tardes de domingo con la música a los improvisados juegos aprendidos en convivencias y reuniones. Los no tan jóvenes se echaban un vino en casa de Roque o de Antonio y disfrutaban de la vista y el cobijo de un edificio orgulloso del pueblo. Más arriba, Correos con una atención siempre familiar y cercana o La Caja y la tienda de pepe o la casa del practicante. Y la casa nueva del cura. Construida en los tiempos de D. Luis Marrero, sirvió para ofrecer una mayor cercanía a los numerosos vecinos de Tías y de los pueblos cercanos. Junto a la casa, la iglesia de San Antonio y la playa. Muchos arquitectos y albañiles trabajaron en ella, aunque a mí me toque recordar a Tomás Caceres y al arquitecto D. Luis. Esta nueva zona del pueblo da testimonio de que Tías no sólo sabe mirar hacia atrás sino que cree también en el progreso, sabiendo respetar costumbres y tradiciones que, afortunadamente aquí se conservan. La ermita de San Antonio, en un tiempo abandonada y que algunos incluso tuvieron la idea equivocada de querer destruir, se mantiene en pie gracias al apoyo municipal de hace años y de los grupos que supieron valorar una construcción tan simbólica. Hoy la ermita cumple una misión cultural importante que nadie seguramente discutirá. Toda la Avenida Central del pueblo de Tías. Con los nuevos edificios que han ido naciendo en las calles cercanas, dan idea de un pueblo que crece en lo deportivo y lo cultural. Si valiosa fue la labor de muchos sacerdotes, no lo ha sido menos el trabajo desarrollado por los muchos maestros que, a lo largo de los siglos, han enseñado y han sabido animar al estudio, al trabajo y al esfuerzo. Por eso Tías ha dado valores incuestionables en la vida profesional y artística de Lanzarote.

Arriba, en la montaña, mis ojos siguieron mirando y siguen mirando los queridos paisajes con su gentes: Los Lirios, Hoyo del Agua, Conil, Tegoyo, Mácher, La Asomada, Masdache. Y presidiéndolo todo, bajo Montaña Blanca, la Virgen de Candelaria. Hace doscientos años que todos los vecinos de Tías miran hacia el lugar donde está la Virgen. Hace doscientos años que los vecinos de Tías, aunque no hubiera llovido ni hubiera lentejas, hacen fiesta a la Virgen. Para recordar que ella, siendo pobre, supo ofrecer lo poco que tenía, un par de tórtolas. Y en estos días de 1996, una vez más, el pueblo de Tías está en fiesta. Porque también ha sabido de sacrificios, de dificultades y de luchas para ir abriéndose camino.

La fiesta es el respiro de los pueblos que saben trabajar. Y Tías, que es un pueblo trabajador, merece este respiro. Un pueblo que no tiene fiesta es un pueblo que está muerto, porque no respira.

Hoy, al hacerme pregonero de este pueblo y de esta fiesta, quiero encender con todos ustedes, simbólicamente, las doscientas velas del aniversario de esta parroquia y cantar con las voces de todos ustedes y todos los que han vivido en este pueblo a lo largo de su historia el más sonoro y polifónico, cumpleaños feliz.

Desde la montaña donde se vislumbra todo el municipio de Tías, desde la imaginación más cariñosa, quiero hoy mirar a este pueblo que crece, que camina, que avanza y pedir a Dios, a través de María, la Virgen de Candelaria, que este pueblo no pierda nada de lo bueno que hay en sus entrañas. Que por otros doscientos años y más siga siendo acogedor con el que llega humildemente; que siga labrando la tierra con el cariño y sabiduría que lo hace; y del mismo modo, siga manteniendo encendida la llama de la fe y del saber trabajar y luchar por los demás, mirando hacia atrás pero sin nunca dejar de mirar hacia adelante.

¡Felices Fiestas!.

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