Pregón de Puerto del Carmen 2004

Publicado: 7 julio, 2015 en Pregones de Puerto del Carmen

Fuente:
Archivo de: Óscar Torres Perdomo y Jesús Perdomo Ramírez

Pregón de las Fiestas de Ntra. Sra. del Carmen
Puerto del Carmen  2004
Por:  Antonio  Lorenzo
antonio lorenzo

Indudablemente los pueblos tienen derecho a lograr lo que los sociólogos y políticos han venido a denominar “bienestar social” . y este pueblo que hoy inicia sus Fiestas Patronales, Puerto del Carmen, lo ha logrado, aunque todos aspiramos a más. Desde aquel pueblecito marinero que yo visité por primera vez en los años cuarenta del pasado siglo a este esplendoroso emporio que hoy disfrutamos y es uno de los puntos de referencia del turismo internacional, hay tal diferencia que hasta su nombre ha cambiado.

Comprendo que alguien se pueda sentir molesto por mi velada referencia a su antiguo nombre, pero creo que nadie debe avergonzarse por la infeliz coincidencia de un nombre, que debe ser orgullo de sus habitantes, con una enfermedad actualmente erradicada de todo país en el estado de adelanto que nosotros disfrutamos y que no venía a cuento en este caso. Tengo un amigo cuyo deporte es buscarle el significado a todas las cosas; una especie de filósofo popular; en definitiva, de los que como se dice vulgarmente “le buscan tres pies al gato”. Y ese amigo me asegura que el antiguo nombre de “La Tiñosa”, viene de la abundancia en sus costas de aquellas “borras” creo que las llamábamos que, en los días invernales de tiempo sur, llegaban a las orillas mezcladas con las cebas. Y, para mayor abundancia de su teoría, me asegura que, en Fuerteventura hay hasta tres zonas llamadas “Riscos de las Tiñosas”, por la misma causa. Pero llegó un momento en que, creo que una política demasiado pudibunda, hizo que Puerto de Cabras se convirtiera en Puerto del Rosario, y La Tiñosa en Puerto del Carmen. Y esa fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de todos los marineros, es la que hoy abre sus puertas. Los asiduos visitantes de este pueblo, hemos percibido su transformación desde aquel pueblo marinero a este centro turístico que hoy disfrutamos y que ha logrado en gran parte que sus habitantes, con su trabajo, tengan ese bienestar social con el que empezamos esta charla. Pero nuestra mente no olvida la belleza de aquellos riscos, de los acantilados, libres de edificaciones en que el mar rompía; y el Poril con su desembarcadero y los charcos en que, como en tantos lugares desaparecidos de nuestra geografía, los futuros marineros y los que no lo serían, se iniciaban en su profesión pescando cabozos y barrigudas; y ya más expertos, saifío, fulas y lisas para los gatos. Recuerdo con añoranza los atardeceres en el banco de cal de la casa de Agustín y Manuela, conversando con Mela o el otro Agustín, el del Sardinero y las partidas de bola; y de aquella época hice en su momento una reflexión bajo el título “Puerto del Carmen” y que transcribo literalmente y de antemano pido perdón a aquellas personas que cito por su nombre y que, quizá no les agrade que lo haga: Amanece y el muelle se llena de hombres y mujeres, palangres, liñas y nasas. “Pon el rosón a bordo”; se suelta la cala; la “ROSAURA” cabecea y “La Inmaculada” avanza; la diminutiva chalana, casi cuadrada, lleva a Antonio al barquillo; La “Tejera” pone el motor en marcha y el Chicharrero mira al viento. Ya no quedan barcos; silencio y ya luce el sol. Los turistas llegan; bolsas de plástico ávidas de pescado y cámaras deseosas de imágenes. Mediodía: ya se venden bogas y cabrillas, fulas y sardinas. Atardece: El “Marazul” atraca y Manolín desembarca el palangre, pescadillas y pejerreyes; Agustín relinga sobre el muelle “arrayados”, y Teodomiro atunes; la báscula herrumbrienta chorrera sangrada y se pesa: ¡Doscientos veinticinco!; el camión chirría y suelta agua salada sobre los listados y atunes. En El Sardinero los hermanos de pelo rubio abren la puerta y en El Marinero una cerveza calma la sed de un día de mar; una blanca caja de plástico contiene veinticuatro bolas y un boliche; Antonio arrima la primera; Luis de un palo deja ganando a la roja; Antonio arrima mas entre un ¡Oh! De admiración de los “Chonis” y vuelve a ganar la verde; Juan Arrima y las rojas vuelven a ponerse por delante; la verde pesada de Teodomiro hace un “squideje” y Felito vuelve a arrimar y se oye una voz: “No jodas…la roja tiene una cuarta más”. Se saca la correa, el palo y el metro; alguien intenta “abrochar”, falla y pierde; quien no pierde la sonrisa es Manolín aunque pierda la bola o pierda el arte. Las mujeres charlan al “soco” de la casa de Agustín que, desde la ventana, mira la partida y convida a sardinas asadas y vino de La Geria; en El Marinero los perdedores pagan la ronda y la tapa. Félix, Pepe El Majorero y Germán forman el nuevo equipo; Antonio se estira, apoya la bola en el suelo, le da un pequeño giro y tira; el otro no arrima; Félix se cabrea pero deja la bola “mamando” del boliche. ¡Saca esa bola! Ordena Teodomiro y un tiro limpio deja ganando a la verde; las mujeres se animan y dan las primeras abrochadas y arrimes en la cancha de arena; los hombres discuten, pero la verde tiene dos dedos menos que la roja; boliche sale fuera de la raya y hay que empezar otra vez; se pierde y se paga la última; las bolas vuelven a la caja…y finalizaba diciendo: ¡No permitamos que esa tranquilidad y camaradería de la Plaza de Puerto del Carmen pierda su carácter!. ¿Se ha perdido? Espero que estas fiestas que hoy se inician sirva para reforzar esa imagen que no sólo para los vecinos sino también para los visitantes es la mayor satisfacción de que se pueda disfrutar.

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