Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez
El del Anillo desarrollaba el instinto de las jovencitas para abrir el puño del joven que lo apretaba. O si no, el Juego del Pañuelo -tres puntas anudadas y una suelta-. ¿Quién acertaba?…
El Juego de la Santa: A cada joven se le asignaba el nombre de un ingrediente del mojo o del potaje canarios -los más ancianos asignaban en secreto los nombres y servían de árbitros. Si alguien decía que le faltaba «calabaza», el aludido respondía que le faltaba otro ingrediente, sin fallar; de lo contrario recibiría un castigo gracioso.
Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez
El cochino se sacrificaba al aire libre -generalmente se mataba de un golpe en la cabeza o en la jeta con la parte posterior del hacha o de la azada, para aprovecharlo completo: Esta acción de matar se denominaba «mochazo». Se obtenían, así, dos suculentos platos: Primero, una sopa con los desperdicios nobles; una segunda fuente de carne asada con papas arrugadas. Y aún quedaban, para los postres, las sabrosas morcillas, para las que ni siquiera se desperdiciaba gota de sangre ni del intestino Y todo, con buen vino de la tierra.
Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez
En la sala de baile, o en la casa de la amada. En la sala, el chico dejaba caer su sombrero; si ella se lo recogía y se lo devolvía, asentía en el noviazgo. En la casa, el joven le arrojaba el sombrero por la ventana, exclamando: «¡Gorra pa dentro!», o «¡Turre pa dentro!», entendiendo -dicen- por «turre» una voz propia del pastoreo o de la conducción del ganado; si ella se lo devolvía, exclamando: «¡Gorra pa fuera!», o en su lugar le lanzaba su pañuelito, al día siguiente, como en el caso anterior, los respectivos padres discutían las condiciones del noviazgo y de la boda, discusiones que, entre vinos y roscos, a veces se prolongaban varios días.
Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez
Se celebraban en la sala de casas particulares, hoy tú, mañana yo. Como generalmente no cabían muchas personas, sólo entraban y se acomodaban las mujeres, mientras los hombres, que esperaban fuera, lo iban haciendo por turnos; y se valían del pañuelo, o en su defecto de un calcetín, enredado en la mano, para no manchar los trajes de las mujeres. En este sentido también ellas solían contribuir, cediéndoles gentilmente sus pañuelitos. Si alguno de los varones del exterior quería piropear, desdeñar, o confesar su amor a cualquier chica, solicitaba el permiso del «gobernador» -se denominaban «Bailes de Gobernadores»-del baile para cantar. Penetraba en la sala y, en cuclillas, dirigía su «decir» al son de las guitarras, timples y bandurrias. La aludida replicaba, en unos «decires» cuyas reliquias aún perduran en los más ancianos de muchos rincones isleños.
Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez
Como si todos los juegos, la alegría juvenil se centrara entre bollos, roscos, juegos y bailes, tan ardientes que, según dicen, atraían hasta a los piratas berberiscos; bailes canarios algo más lentos, y de saltos más largos y rituales que en el resto de las islas.
Fuente: Curandería y cancionero lanzaroteños
Por Jesús Mª Godoy Pérez
Un deudo propagaba la noticia del fallecimiento de golpe a golpe de bastón, puerta tras puerta. El familiar más próximo al extinto guardaba cama, donde recibía las condolencias; el resto se turnaba de pie, sobre unas esteras; Los varones con las solapas de las chaquetas alzadas y los sombreros alicaídos sobre las frentes. Los más jóvenes repartían periódicamente vino, roscos, dulces, queso tierno. Silencio absoluto para recibir el «pésame», y luego a susurrar, a contarse el «Vánitas Vanitatis», o a recordar la guerra de Cuba, las sequías, el próximo semillero, con un pausado lamentar que hoy duerme en los cráteres de los volcanes.
Si nos remontamos a la antigüedad, que podemos remontar hasta la década de 1980, los CURANDEROS, en su diversidad de ramas, tuvieron mucho protagonismo, el cual fue decreciendo en el avance de los años, y fueron tomando cuerpo los profesionales de la medicina, y ya apenas queda algún residuo o no queda nada, porque la inactividad y la edad, van dejando fuera de funciones, o apenas queda algo, sobre personas que fueron muy necesarias y efectivas en las funciones que ejercieron.
Hay que partir de la base de que antes no había médicos ni practicantes profesionales, porque las necesidades económicas no permitían el cursar carreras, y así, muchos Municipios no contaban con un Médico, y donde los había fijos era en Arrecife, y desde allí se desplazaban a los pueblos de toda la isla, mediante el previo aviso, o recado personal, al no haber medios de teléfonos.
Ante la falta y necesidad de contar con una persona que atendiera siquiera de una forma amañada, surgieron desde la antigüedad más remota, los CURANDEROS, que cubrían las necesidades de demanda de los vecinos, y así en cada pueblo había alguno, y eso era un gran alivio porque no había otra cosa mejor entonces. Estos curanderos eran llamados a cualquier hora del día y noche y acudían sin cobrar nada.
Estos curanderos o curanderas, cubrían todas las necesidades que demandaba la sociedad de entonces, y así atendían los partos, las mujeres, como parteras, matronas o comadronas, y se curaban los desconches o partiduras de huesos, el mal de ojo, hasta en animales, el lamparón, que afectaba a la piel y era curado con moralillo, el pomo, que era de tipo nervioso, las diarreas, y muchos males o menesteres con plantas medicinales propias de cada lugar, como manzanilla, marrubio, pasote, romero y hierbas al efecto.
La Agrupación Folklórica Gaida nace en el pueblo de Tías a mediados de los
años sesenta, engendrada por la ilusión de unos jóvenes del pueblo, que junto a otros no tan jóvenes, ve la luz en la bien llamada década prodigiosa. Tiempos en los que la música folklórica estaba de moda en toda la isla, sobre todo por la llegada del turismo a nuestras costas. Época donde en cada pueblo y en cada fiesta veíamos aparecer nuevos grupos folklóricos, en los cuales cada día participaba más gente. San Bartolomé, Arrecife, Teguise, Tías, y así, sucesivamente, todos los caseríos de nuestra tierra se enorgullecen de sus rondallas, las cuales existían en casi todos los pueblos de Lanzarote.








